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Una voz angelical en El Arenal
Veselka Uzunska, cantante profesional búlgara, se gana la vida en las calles de Bilbao interpretando melodías con gusto y sentimiento, para deleite de todos los paseantes
Deia, , 18-04-2011Bilbao
Yo no pido limosna, yo trabajo". Así define Veselka Uzunska lo que hace todos los días en el puente de El Arenal, que es cantar. Veselka interpreta con gusto y sentimiento todo tipo de canciones. Su voz sorprende a los transeúntes. Son muchos los que se detienen y esperan hasta que finalice la pieza para obserquiarle con unos aplausos. Ella lo agradece más que los euros que le dejan en el cesto porque “la música es mi vida, lo llevo en el alma”. “Eso me motiva para seguir trabajando en la calle”, dice. En Bilbao lleva seis meses. Y se siente a gusto, “más que en Madrid”, donde llegó en 2008, “porque la gente y el paisaje de aquí me recuerdan a mi tierra”. Veselka, nombre cuya traducción al castellano es Alegría, nació hace 50 años en una pequeña localidad de la región de Rodopi, fronteriza con Grecia, pero se vio obligada a emigrar “porque allí no había trabajo”. “Vine a buscarme la vida”, confiesa. Le costó tomar la decisión tras enviudar, ya que en Bulgaria dejaba dos hijos y dos nietos, pero al final decidió salir del país. Cogió un autobús y se plantó en Madrid con una pequeña maleta. Y como lo que mejor sabe hacer es cantar, se puso frente a Nuevos Ministerios a ganarse la vida.
Así estuvo hasta que un buen día se le acercó una señora que tenía “una vinculación especial” con Euskadi y le dijo: “Con lo bien que cantas es mejor que vayas al País Vasco porque allí tienen más sensibilidad musical que aquí”. Dicho y hecho. Recogió los pocos enseres que tenía y se trasladó a Gasteiz con el que actualmente es su compañero, otro compatriota que toca el violín por las calles. “Llegamos a Vitoria y, como no teníamos dónde ir a dormir, pasamos la noche en el coche”, recuerda. Y al cabo de unos días recalaron en Bizkaia. Primero estuvieron viviendo en Basauri, hasta que decidieron trasladarse a Bilbao. Veselka comparte piso ahora con una mujer boliviana y su hija en Atxuri, “con las que me llevo muy bien”, ya que su compañero ha tenido que regresar a Bulgaria “por problemas de salud”. En el poco tiempo que lleva en Euskadi ha aprendido a interpretar bastantes canciones en euskera. ¿Cómo lo ha conseguido?, le preguntamos. “Poniendo interés, porque a la gente le gusta que le cantes en su idioma”, responde. “Y si estuviera en China”, prosigue, “también me hubiera puesto a aprender las canciones en chino mandarín”. Veselka muestra un cuaderno de notas donde se pueden ver las letras de canciones populares vascas escritas en una mezcla de euskera y búlgaro. “Me gusta mucho Benito Lertxundi”, dice, “porque tiene unas canciones para ser interpretadas con mucho sentimiento”. Pero también le gustan canciones populares como el Hator, Hator, que cantó casi todas las tardes de Navidad en el Casco Viejo para deleite de niños y mayores.
Gastos Veselka intenta no faltar a la cita diaria en El Arenal o Uribitarte porque “hay que sacar para pagar el alquiler y la comida”. “A veces es muy duro”, dice, “pero como yo disfruto cantando, me cuesta menos”. No hace falta que lo jure. La expresión de su cara se transforma cuando comienza a tararear las primeras notas de Haurtxo Polita. Reconoce que hay días que saca muy poco, “lo justo para la barra del pan y algo más”, “pero como soy muy creyente”, explica, “cuando llego a casa doy las gracias a Dios y pienso que hay otra gente mucho peor que yo”. Esa fe le hace sentirse alegre y feliz a Veselka a pesar de las dificultades que tiene que pasar todos los meses para conseguir los 300 euros de alquiler del piso compartido. “Yo siempre pienso que Dios me tiene reservado algo bueno para el futuro”. Un futuro que a ella le gustaría que estuviera ligado a la música. “Yo podría cantar en residencias o restaurantes, en bodas y banquetes, porque tengo un gran repertorio”, señala. Aunque aclara: “En funerales también he cantado, pero prefiero hacerlo para los vivos”. Así se vende Veselka, confiando en que alguien le escuche en la calle y pueda contratarle para hacer unos bolos, ahora que se acerca el verano. Recientemente estuvo actuando en un bar, “y creo que quedaron contentos”, dice. De todas formas, también estaría dispuesta a trabajar con niños “porque me encantan”.
Vocación Pero su verdadera vocación es la música. De ella se ha ganado la vida y pretende seguir haciéndolo aunque sea en la calle. “Estuve doce años estudiando en Bulgaria. Canté en muchos coros y agrupaciones y todavía sigo disfrutando porque me sale del corazón”, dice. Quienes le escuchan se lo compensan con aplausos y frases como: “Esa canción me recuerda al día que me declaré a mi mujer”. Y eso es lo que verdaderamente le llena. “Esas cosas me hacen muy feliz”, declara emocionándose tímidamente. Por eso perdona que una persona se le acerque y le diga que le dejaría más dinero si no fuera por la crisis. Viselka espera que el tiempo económico mejore y pueda llegar a casa con el cesto algo más sobrado de euros. Mientras tanto, disfruta con las muestras de cariño de los bilbainos. “La gente es muy educada, me trata muy bien”, dice. Por eso, esta mujer de carácter alegre y positivo no piensa moverse de Euskadi. “Aquí estoy estupendamente, no pienso moverme hasta que me den el pasaporte vasco”, dice riéndose. No piensa volver a su país porque en Bilbao se siente como en su casa. “El paisaje es muy parecido al de mi tierra, tiene montañas y es verde, pero además el sentido del humor que tenéis los vascos también se asemeja al de la gente de mi región”. A sus hijos y nietos les ve a través de internet. Les habla de las bondades del Bilbao y les anima a que vengan, como ella vino, a trabajar gracias a su voz angelical.
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