El homicida de Luisito oyó en su cabeza una voz: «Muerte»

El Mundo, Q. A. , 06-04-2011

José Luis T. C. llevaba un rato dando vueltas por ahí cuando oyó unas palabras que provenían de su mente: «Guzmán el Bueno» y «muerte». Un rato después, este vigilante jurado mataba con su pistola a Luis Carlos P. P., Luisito, un chaval dominicano de 23 años que trabajaba de pintor y que cayó a plomo al suelo. Una imagen lo dice todo: Luisito cayó al suelo abatido de dos tiros en la nuca en Tetuán el 20 de marzo de 2009, «con las manos en los bolsillos», como recordaba ayer un compatriota suyo en la Audiencia Provincial.

Pero el testimonio más interesante ayer fue el del autor de los disparos, presentado por su defensa como esquizofrénico paranoide y probablemente no muy en su sano juicio, pese a que ayer se presentara andrajoso ante el jurado y testigos del día de autos aseguraran que «aquel día parecía otra persona, se ha disfrazado».

En tono monocorde, el hombre contó que en la calle escuchó lo de «Guzmán el Bueno, muerte», lo que le hizo volver a casa. Después bajó a buscar tabaco con una de las dos armas para las que tenía licencia. Decidió dar una vuelta por su barrio, y en la calle Topete escuchó gritos de «chivato» y «te vamos a matar». «Eso me hizo tomar acciones de defensa contra la agresión. No me quedó otro remedio que responder con fuego». Con un hablar pastoso, un tanto ido por momentos pero muy respetuoso, el hombre se confesó consumidor habitual de hachís y cocaína, contó cómo tuvo sus primeros problemas mentales al separarse de su mujer y explicó que la habían diagnosticado trastorno esquizoide de la personalidad, pero que él mismo pensaba que tenía esquizofrenia. Aseguró también que apuntó a Luisito en el hombro, pero «nunca he tenido buena puntería», admitió: las balas entraron por la cabeza.

También dijo que recogió los casquillos «para que no se perdieran pruebas». A continuación, según su versión, echó a correr «con todo el barrio detrás» y negó que volviera a sacarel arma, en contra de las declaraciones de varios policías que le persiguieron.

El hombre, en definitiva, se presentó como un enfermo mental con delirios paramilitares. Hoy declaran los peritos psicólogos.

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