«Luisito murió a sangre fría»

El Mundo, QUICO ALSEDO , 05-04-2011

La justicia española tiene estas cosas: se acababa de iniciar ayer el juicio por la muerte de Luis Carlos P.P., Luisito, de 23 años, a manos de un vigilante jurado en Tetuán en marzo de 2009, y a la puerta de la sala una mujer lloraba y un hombre la consolaba en sus brazos.

Magistrados, letrados, público y hasta periodistas se apiñaban en la sala para escuchar los primeros alegatos el principal acusado declara hoy, pero estas dos personas habían sido expulsadas del lugar, según ellos, por llevar sendas camisetas con la foto del muerto y la leyenda «Luisito, no te olvidamos». En resumen: las vistas acababan de comenzar y todo el mundo tenía acceso a la sala (las vistas son públicas salvo excepciones), pero los padres de Luisito, la víctima, eran los únicos a quienes se había cerrado el paso.

Ella, de forma justa, porque como testigo citado por la acusación particular no podía asistir a la vista hasta su declaración. Él fue invitado por el magistrado a abandonar la sala para no predisponer al jurado, y obedeció sin rechistar.

«Es una injusticia, otra injusticia», decía ella, Ana, que había llorado ya lo suyo a la puerta de la Audiencia Provincial, y que probablemente no esperaba tan cálido recibimiento.

«Ay, era mi favorito, mi favorito, tengo otros dos hijos, pero Luisito era muy bueno, un chico estupendo que no había hecho jamás daño a nadie», contaba su madre como una letanía, mientras el padre, Faustino, recordaba el testimonio de un niño «de siete años» que «vio todo lo que pasó, y que cuando le preguntan qué le pasó a Luisito, contestaba: ‘Pum, pum, pum’ [y hace el gesto de la pistola]… Claro, no puede declarar porque es un niño, pero…».

Lo que pasó fue que el 4 de marzo de 2009, José Luis T.C., vigilante divorciado, con permiso de armas, deambuló durante varias horas por Tetuán y se fue a su casa después de toparse con «dos individuos con aspecto peligroso», declaró a la Policía. Más tarde, con su arma de tiro deportivo encima, en la confluencia de las calles Carnicer y Topete, oyó un ruido a sus espaldas, se dio la vuelta y disparó «a un hombre por él desconocido».

Era Luisito, que venía de terminar su jornada laboral como pintor, el oficio con el que se ganaba la vida a sus 23 años y con el que pretendía darle un futuro a su novia, de 19 años, y al niño del que ésta estaba embarazada.

«Aquí el problema no son los hechos, los hechos están claros, el acusado disparó a Luisito y le causó la muerte, lo que hay que dilucidar es si es homicidio o más bien asesinato», explica Cynthia Favero, abogada de la familia del fallecido, del despacho Sentencia.

«Para mí es asesinato claro, disparó a metro y medio de Luisito, sin que este tuviera arma encima, sin posibilidad de respuesta, la alevosía es clara y la sorpresa por parte de la víctima es total…».

Más allá de eso, la defensa alega inimputabilidad por esquizofrenia paranoide, y la Fiscalía admite esa esquizofrenia, pero en grado de trastorno de conducta. La acusación de la familia dice que el acusado está en su sano juicio. Esta disyuntiva marcará probablemente el proceso.

¿Y qué les pasó a los Polanco desde la muerte de Luisito? «Todo nos ha ido mal desde entonces, teníamos un bar y lo tuvimos que cerrar, porque la Policía venía todo el rato a pedirnos los papeles y claro, había mucha gente que no tenía papeles, dejaron de venir y cerré», contaba ayer Faustino, que aún ayer no se explicaba la muerte de su hijo: «Pero si era bajito, no había hecho daño a nadie en su vida… ¿No podía haberle disparado en la pierna, o en un brazo? ¿Para qué matarle?».

A su lado, su mujer estaba al borde del vahído. «Ella está muy afectada, ya entró envuelta en lágrimas y tiene una afectación muy grande, muy fuerte, muy profunda… Y esto va a complicar el proceso», explicaba su abogada, en voz baja.

Después de que ayer acusaciones y defensas le explicaran el proceso al jurado, hoy declarará el acusado, José Luis T.C.

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