«No tengo trabajo ni aquí ni allí»
Las Provincias, , 05-04-2011Julio Pizarro hojea un periódico mientras espera, en una larga cola frente a la Ciudad de la Justicia, a que le den cita para el último trimestre del año. Entonces pedirá la nacionalidad española para su mujer. Este colombiano de 37 años, que aterrizó en Valencia hace doce, busca las ventajas que da el pasaporte español.
Aunque, en realidad, ahora mismo habita en la incertidumbre. «No tengo trabajo ni aquí ni allí», explica este hombre parado desde hace dos años después de haber trabajado en la hostelería y en la construcción. El desempleo le empuja a volver a casa, pero la responsabilidad le retiene. «Lo más fácil sería irme, pero tengo una hipotéca por pagar y no puedo dejarle el marrón a mi hermana. No me queda otra que seguir luchando».
Pizarro tenía la vida resuelta en Colombia, donde trabajaba como militar. Pero la inseguridad sembró de miedo su hogar. «Es lo que tiene ser el único hombre entre seis mujeres (sus hermanas). Todas temían por mi vida, y al final cedí». Cuando dejó el ejército optó por buscarse la vida en Valencia, donde ya vivía una de sus hermanas. Al principio todo fue bien. Cada mes entraba un sueldo en casa. Hasta que llegó la crisis, la maldita crisis que devoró infinidad de empleos.
Este colombiano está encantado en una ciudad «con un clima muy parecido» a su Palmira natal. «Es un sitio muy agradable. A nosotros nos encanta y por eso nos gustaría seguir viviendo aquí por muchos años, pero sólo trabaja mi mujer y por eso queremos que le den la nacionalidad española».
A su lado, paciente, Sergio Hernández lleva una hora esperando a que le den cita. Los sudamericanos son mayoría en una fila donde también abundan los centroafricanos, mucho más reacios a contar su historia. Sergio abandonó Mendoza, a los pies de los Andes, cuando el corralito dejó tiritando Argentina. Entonces trepó por sus raíces hasta llegar al origen español de sus abuelos zamoranos. Y en 2002, después de contactar con un amigo que vivía en Valencia, se mudó. Cuatro meses después lo hicieron su mujer y sus dos primeros hijos (Ignacio, que tenía cuatro años, y Juan Manuel, con seis meses).
Un argentino nunca deja de ser argentino, pero este hombre de 47 años, con un trabajo estable gracias a su empresa de reformas, con su tercer hija (Amalia) nacida hace 6 años en Valencia, donde es fallera de una comisión, tiene su vida encauzada en España. Y tener la doble nacionalidad da «muchas ventajas». La primordial, «no tener que renovar los papeles cada dos por tres».
Sergio está muy agradecido a España. «Lo que he prosperado aquí en nueve años no lo hubiera logrado allí en toda una vida, y, además, estamos todos muy integrados, aunque no renunciamos a nuestros orígenes», explica este empresario de la construcción desde una cola que les conduce, espera, a ser mitad argentino, mitad español.
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