Acorralando a los grupos de pandilleros

El Mundo, PABLO HERRAIZ , 04-04-2011

Las bandas latinas son parecidas a la marea: sube, baja, sube… Así al menos lo consideran los expertos de la Policía que, ya sea en épocas de subida o de bajada, siempre vigilan a los pandilleros. En Madrid se instalaron hace ya años, y empezaron siendo dos: Latin Kings y Ñetas. Ambas archienemigas. Ahora, se puede considerar que hay cinco grandes pandillas, ya consolidadas, y muchas pequeñas.

Pero los agentes siguen luchando para que estas bandas no se hagan fuertes y, sobre todo, para que no consigan cometer más crímenes como los de 2005, por ejemplo. En los tres primeros meses del año, la Policía ha detenido a más de 150 pandilleros sólo en la capital, un 40% de ellos menores. Ha sido una subida espectacular, lo que indica, según los expertos, que ahora estamos en uno de esos picos de actividad.

La Brigada Provincial de Información es la que cuenta con más especialistas en estos grupos de jóvenes, en muchas ocasiones menores, que destacan por su violencia y falta de arraigo. En los últimos meses, y sobre todo desde noviembre, se ha notado una crecida de las reyertas multitudinarias. En ninguna ha habido heridos de gravedad, pero han servido para poner de manifiesto la situación que vive Madrid con estos jóvenes.

Según explicaron fuentes policiales a este periódico, ahora mismo todas las bandas están muy controladas y vigiladas, como prueban las muchas detenciones que ha habido.

Los principales problemas, no obstante, se están detectando en Vallecas, el distrito donde nacieron y crecieron los Ñetas en España. Los Ñetas son una de las cinco grandes bandas, junto a los Latin Kings, DDP, Trinitarios y 42. Las dos primeras son bandas de origen ecuatoriano y las otras tres dominicano.

Los Ñetas consideran que Vallecas es «la cuna», y de hecho la llaman así. Es su lugar sagrado, pero en los últimos tiempos han surgido pequeños grupos de Latin Kings y Trinitarios, y para los Ñetas ha sido como una ofensa. Por eso ha habido muchas peleas en la zona.

Han pasado ya unos 10 años desde que empezaron a constituirse «capítulos» o grupos de pandilleros en la región. En Galapagar se crearon los Latin Kings madrileños y en Vallecas los Ñetas. Después llegaron las otras tres bandas grandes.

En estos momentos, los expertos opinan que estamos ante la cuarta generación de pandilleros. Una generación en este caso sólo dura unos pocos años. Mientras que los fundadores de capítulos en España ya van siendo mayores y se retiran, los más jóvenes ahora tienen a aquéllos como gurús y ejemplos a seguir en su vida callejera.

Los DDP o Dominican Don’t Play (los dominicanos no juegan) están en este momento en una fase muy poco activa, después de los últimos golpes policiales. Hay que recordar una sentencia de la semana pasada misma, en la que se absolvía a cinco miembros de esta banda de asociación ilícita, pero también se condenaba a los dos principales acusados a unos 20 años de prisión por tenencia de armas prohibidas, dos delitos de asesinato alevoso intentado, un delito de lesiones causadas con arma e instrumento peligroso y una falta de maltrato de obra. Los 150 detenidos de estos últimos meses han pasado a disposición judicial sobre todo por los delitos de riña tumultuaria, lesiones, asociación ilícita y otros delitos similares.

Sin embargo, en la Brigada de Información saben que estos jóvenes sólo se meten entre ellos. Los pandilleros se conocen todos entre sí, y algo tan simple como el color de una cazadora puede desatar una pelea. Sin embargo, suelen dejar tranquilos a todos los que no tienen que ver con su mundillo.

Ellos niegan en muchas ocasiones pertenecer a una banda, pero los agentes de Información les conocen y ante ellos reconocen la evidencia. Hay muchas otras bandas que no pasan de ser grupúsculos de amigos que se ponen un nombre y un uniforme, pero que desaparecen igual que nacen.

Los que no ha llegado a Madrid, sin embargo, son las temidas bandas salvadoreñas, como la Mara Salvatrucha o Calle 18. Esto se explica por la ausencia de emigrantes de El Salvador en la región, que son muy pocos, y porque en cuanto se detectan pandilleros se los investiga.

Para los entendidos, todas estas bandas latinas han importado a España lo mismo que ya tenían en sus países de origen: una batalla por las calles en la que la violencia se convierte en una escuela.

De hecho, el principal peligro para estos jóvenes es que muchos proceden de familias desarraigadas, han dejado los estudios y su único modo de supervivencia es la vida en la calle. Esto forma un cóctel muy peligroso, porque los jóvenes son carne de cañón para las organizaciones criminales.

Estos grupos ven en los ex pandilleros a gente acostumbrada a obedecer órdenes, a trabajar en equipo, a vivir en una banda jerarquizada, a no tener miedo a nada y a usar la violencia con ligereza. Por eso es muy peligroso que los que salen de las bandas latinas no encuentren un camino para alejarse de la delincuencia.

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