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La niña bonita de la ultraderecha francesa
Marine Le Pen
, cuyo edulcorado y populista perfil suaviza el discurso del FN, revoluciona Francia y mantiene temerosa a Europa
Diario de Noticias, , 27-03-2011pamplona
PERSONALIZA la retórica más dura de varios raperos galos a su vez productores de pensamiento político, lo que no ha evitado que aglutine los sufragios de la ultraderecha que lidera desde el Frente Nacional, aquellos del ala más extrema del partido de Sarkozy y el voto de la Francia desencantada y populista. Marine Le Pen (5 – VIII – 1968, Neuilly – sur – Seine), dos veces divorciada y madre de tres hijos, la hijísima de Jean Marie, persigue hoy en la segunda vuelta de las cantonales el impulso que la propulse hacia las presidenciales de 2012.
Señalar su ciudad natal, Neuilly – sur – Seine, lo resume todo, pues es el hábitat de los multimillonarios. Marine tardó poco en ganarse los favores y la financiación de la aristocracia empresarial. Los estudiosos coinciden en que con su edulcorado perfil ha contribuido a dulcificar ese mensaje rocoso, abrupto y racista que paseó su padre, si bien el fondo de la cuestión es el mismo. Pero nadie duda de que ha calado para superar esa barrera psicológica del 15% de votos después de que en 2007 el FN era prácticamente un moribundo. Sagaz y demagoga, acierta con el momento de meter el dedo en el ojo y con los problemas a poner sobre la mesa, aunque sus soluciones – como la eliminación del euro – se antojen irreales. “La mala marcha de la economía, el pesimismo francés, la pataleta y la coyuntura. Todo influye y le llega de cara”, dicen los analistas sobre esta abogada amiga de patear la calle.
Su ambigüedad calculada le lleva a dar la razón a quienes la acusan de ser una versión light de su padre y a los que advierten, nunca mejor dicho, de su fachada. Aunque para ello deba soltar una bomba de relojería, como hizo en Lyon: “Hace unos 15 años fue el velo, luego vino el burka y ahora las oraciones de los musulmanes en la calle”. Después equiparó semejantes rezos con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial: “No se hace con blindados ni con soldados, pero es también una ocupación”. Las asociaciones antirracistas y musulmanas amenazaron con conducirla a los tribunales mientras ella se jactaba de los reproches de la totalidad del arcoiris político. “Yo digo lo que ustedes piensan en voz baja. No me asusta la polémica”, se escuda.
Amén de querer sacar al país de la zona euro, también pretende cercar las fronteras, hacer pagar los gravámenes a las transacciones de la Bolsa, cambiar los criterios de atribución de nacionalidad francesa a los extranjeros, convertir hospitales y cuarteles militares en cárceles para albergar delincuentes, organizar una consulta refrendaria para restaurar la pena de muerte si así lo quiere el pueblo, acabar con los traficantes de droga de barrios peligrosos de las periferias de las ciudades y dar prioridad a todo lo galo. Como decía su padre en los años 80: “Francia, para los franceses”. Una idea que Marine ha reordenado bajo lo que ha denominado “patriotismo económico”.
Antes de batir en las urnas al delfín de su padre, Bruno Gollnisch, y de instalarse en el paisanaje político galo, Marine Le Pen solventó graves crisis internas y familiares. La primera, cuando sus padres se divorciaron en 1987 tras 27 años de matrimonio. Estudiante de Derecho, con 19 años aguantó el oprobio de contemplar a su madre, Pierrette, posando desnuda para Playboy después de haber huido con el reportero que escribía la biografía de su marido. Una venganza materna que influyó en su vida personal, en su boda con Franck Chauffroy, empresario que colaboraba con el FN. No tardó en encontrar consuelo en los brazos de otro militante de extrema derecha, Éric Lorio, que ocupó cargos de importancia en la burocracia interna del partido, pero tampoco fructificó y Marine se lanzó a educar sola a sus retoños – Jehanne, y los mellizos de 11 años Louis y Mathilde – , y a preservar su intimidad. Sus vaivenes personales propiciaron no pocos intentos como el de Gollnisch para hacerse con las riendas del FN. Pero supo derrotarlos y estar en el sitio propicio. Escándalos, denuncias y altercados inundaron Francia de debates con un rostro alternativo, el de “la ambiciosa rubia”, sin dar un paso atrás frente a las críticas.
enterrando a sarkozy En la última elección presidencial, Sarkozy aplastó al FN prometiendo a los obreros que Francia “se levanta temprano”, que se podría trabajar más para ganar más. Dejó a Le Pen padre con el 10% de los sufragios, lejos de la gesta de 2002. Pero esquivado este socavón, Marine se puso a rejuvenecer el partido desde su oficina de Lille. Fue comiendo terreno a Sarkozy, cuyas promesas se fueron a pique. Mientras tanto, ella, a lo suyo: “Independencia de Francia, identidad y la seguridad de los ciudadanos franceses, unión de las fuerzas nacionales, acción vigorosa contra el enemigo y fe en el futuro. Seis siglos más tarde, continúan siendo nuestros principios y objetivos”, proclama.
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