Más de 50 personas pernoctan en cajeros y portales de Pamplona, que alternan con pensiones y albergues

A la falta de recursos económicos suman otros problemas de salud mental o consumo

El albergue municipal y Cáritas cubren las necesidades de una población

Diario de Noticias, Ana Ibarra, 13-03-2011

pamplona. “La calle es difícil. Tiene sus propias normas y no puedes imponer nada”. Elena es educadora de calle en el albergue municipal que gestiona la empresa Xilema en Trinitarios (antes en la calle González Tablas, ahora junto al nuevo parque de bomberos). Les escucha, les informa si tienen derecho a una prestación, media con los trabajadores sociales del Ayuntamiento de Pamplona, hace acompañamiento médico, les busca una habitación… y habla, habla de todo lo que ellos quieren compartir… se desahogan. “Hay gente que es reacia al acompañamiento, si no quieren no hay que insistir…”, precisa. La gente que vive en la calle no necesariamente es gente que no tenga nada, de hecho muchos de ellos cobran alguna prestación económica. El problema es que muchas veces no lo controlan, se lo gastan en el bar, en máquinas de juego, en prostitución… “Nuestro trabajo consiste en asesorarles y tratar de gestionar ese dinero para que puedan mantener un alquiler y comer”, destaca. Tienen al menos cinco casos de homeless que les fían sus ingresos. Cuanto más tiempo están en la calle “más se cronifica su situación”, señala. “Se pueden quejar de no tener casa, de apenas comer pero muchas veces no aguantan estar en recursos como un albergue o acudir a un comedor social. Prefieren vivir a su aire, manejar su dinero…”, indica. En Pamplona, más de 20 personas viven en la calle y otras 30 pueden alternar la calle con otros recursos (habitaciones, pensiones, albergues…). Una población “satélite” que supera el medio centenar, indican. “Se quedan sin casa, sin dinero y sin apoyo familiar. Muchas veces le animas a que vuelvan a su lugar de origen para que tengan derecho a alguna ayuda”. Para acceder al albergue municipal tienen que llevar al menos un año empadronados. Cuando la temperatura baja de los 3ºC se garantiza cobijo para todos o bien reciben un vale de pensiones a través de la Policía Municipal. “No todo el mundo pasa todas las noches en la calle. Hay veces que van rotando de la habitación de una vivienda o una pensión y la calle porque no pagan el alquiler o llevan bebida a la vivienda…”, indicó. Elena conoció las calles de Madrid en un trabajo similar y sabe lidiar en estas situaciones. Conoce adicciones, patologías mentales de personas sin un tratamiento “y que resulta imposible hacer un seguimiento porque, además, no tienen conciencia de enfermedad”. Su principal habilidad es saber negociar. “En muchas ocasiones te gestiono el dinero y, a cambio, te pido cita en Salud Mental, te acompaño y todas las noches te llevo tu medicación…”. “Hay gente que ha empezado con un problema de adicción de sustancias y que tenía dinero, y con una dependencia muy alta, por ejemlo a la coca, se arruina, pierde su familia y se queda en la calle”, expone. “Hay muchos factores que empujan a la exclusión extrema: un ambiente familiar desestructurado, personas inmigrantes sin trabajo…”, explica. “Cualquiera nos podemos ver en esta situación. Te echan de la vivienda, no puedes pagar los gastos y, además, tienes algún problema añadido. A veces tu pareja te abandona, pierdes la cabeza, te das al alcohol y, en mes y medio, te ves sin trabajo y sin familia…”. Hay más hombres que mujeres en la calle. “Hace poco vino al albergue una familia con dos hijos que no tenía dónde dormir y les habían echado de casa. Los niños no se podían quedar y se les buscó una pensión”. Su trabajo se coordina con las unidades de barrio, Salud Mental, hospitales… Para Rubén Unanua, responsable del servicio, el acompañamiento social es imprescindible “para que todo el proceso tenga sentido”: “Una ayuda económica no arregla nada e incluso puede empeorar una situación”. Desde uno de los centros que Cáritas tiene abiertos en Pamplona, sus profesionales coinciden en que la pobreza no es sinónimo de exclusión. “Es muy gráfico que en tiempos de crisis los cajeros sean los sitios donde esta gente duerme…”, reconoce. En cajeros o en algún “txupano”: refugio, vivienda deshabitada, bajera vacía… Algunos cobran la renta básica o están a punto. “Tienen ingresos pero unas características personales, problemáticas que no se solucionan con una prestación económica sino que requieren de otras políticas sociales”, señala. “Hay muchos factores estructurales que se inscriben en la propia sociedad. Muchas veces es una persona con problemas de salud mental, consumos o ludopatía, y se une la falta de redes sociales y familiares que hace que esa persona se hunda”, agrega. “Hay un núcleo constante al que se van incorporando cada vez más inmigrantes, ciudadanos iguales que nosotros pero a los que la crisis les aboca a estar en la calle porque la falta de empleo les afecta más”, apostilla.

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