EXPLOTADA EN UN CLUB DE ALTERNE

Djanet: "Nos sentimos violadas"

La trata de mujeres existe en Navarra y el testimonio de esta joven es una prueba de la brutalidad con la que malviven estas chicas para pagar una deuda y comprar su libertad. La de esta joven, relata ella, vale 30.000 euros. - "Hay muchas jefas, normalmente una por cada dos o tres chicas"

Diario de Navarra, IVÁN BENÍTEZ/CARMEN REMÍREZ . PAMPLONA, 12-03-2011

Lydia Cacho, periodista y escritora mexicana, autora de una investigación sobre la trata de mujeres en el mundo, manifestaba en noviembre de 2010 en una conferencia en Pamplona y frente a un público entre el que se distinguían rostros conocidos del mundo judicial y de la política, que la trata también existe en el seno de esta comunidad y que se mira hacia otro lado. Y avisaba: “Lo tenéis con las mujeres nigerianas”. Resaltaba la importancia de luchar contra ella.
“Lo que mejor viene a las redes de trata de mujeres es que la sociedad crea que no se puede hacer nada y acepte esta explotación”, señalaba, reclamando “mirarse a los ojos” para detectar el problema, "es la esclavitud del siglo XXI.

Han pasado tres meses desde que la escritora mexicana apuntase directamente contra las mafias en Navarra, y es ahora cuando una de estas chicas, de 19 años, se atreve a hablar. Lo hace con miedo. Mucho miedo. Teme que su jefa o las jefas del resto de las chicas que son obligadas a prostituirse en la calle, los clubes de carretera y los pisos de cualquier barrio, les puedan causar algún daño tanto a ellas como a sus familias. Todavía está muy reciente el asesinato de la joven Yamiled Giraldo tras denunciar a su proxeneta. Por este motivo, esta chica, presumida, independiente, amante de la música y el baile, cambia su nombre en este reportaje por el de Djanet. De la misma manera, se han modificado algunos aspectos de su perfil, para salvaguardar su identidad. Ella daría la cara, denunciaría su caso, pero sabe que, si lo hace, su vida y la de su familia, correrían peligro.

Djanet aterrizó en Navarra hace dos años de la mano de una mujer nigeriana, su actual jefa. Ella le captó en su país. “Me sacó de la miseria”, explica Djanet, “trabajaba por 20 euros al mes”. A partir de ese momento, Djanet contraía una deuda de 30.000 euros, que debe pagar “a vida o muerte”. Para obtener este dinero, se ha visto obligada a prostituirse en la calle y ejercer en pisos y prostíbulos de carretera. La joven conoce bien estas tres realidades. De momento, ha abonado 20.000 euros y confía en sufragar pronto el resto de la deuda. “Algún día reharé mi vida”, expresa ilusionada.

Es martes. Djanet se ha levantado a las doce del mediodía. No ha comido, “no quiero engordar”, dice, en unas horas volverá al club de alterne donde le obligan a prostituirse. Su horario varía. Hoy le toca de ocho de la noche a cuatro de la madrugada, los fines de semana puede prolongarse. Ayer a la noche tuvo cuatro clientes, “es la media, pero hay días en los que no hay ninguno”. Al principio, responde tímida, sin hacer referencia a sí misma. Con el paso del tiempo va hablando de su propia realidad. Habla ante dos mujeres y un hombre. A él no lo mira. No prueba el café. Sólo da vueltas a la cucharilla.

¿Conoce muchas chicas en Navarra que estén obligadas a prostituirse?

Sí, hay muchas. Unas lo hacen porque quieren y otras obligadas. Son más las que están obligadas.

¿Por qué salió de su país?

Yo trabajaba de peluquera, peinaba, hacía las uñas, también trabajaba de camarera, todo iba bien hasta que mi padre murió.Tenía 14 años. A partir de este momento, todo cambió. Un día vino una mujer y me dijo si quería viajar a Europa. Aquí, en Europa, decía, se gana mucho dinero.

¿Qué hizo?

Qué voy a hacer. En África las chicas mueren por partir hacia Europa, pero nadie sabe qué ocurre en Europa. Me dijeron que me iban a enviar a España en un avión directo. Me engañaron. Un día, esa mujer me llama y me dice que tengo que ir a Kano (Nigeria). Allí despegaría el avión. Al principio, nos juntamos seis personas que íbamos a hacer el mismo camino. Salimos en autobús. En Kano nos metieron en una casa. Nos aseguraron que en cuatro días saldría el avión. Pasaba el tiempo y el avión no salía. El guía (contratado por la mujer) nos dice que hay problemas para tomar el avión y que debemos ir a otra ciudad. Nos meten en un camión y partimos. Esta vez somos 40. El viaje dura 12 horas. Llegamos a un sitio despoblado. Nos retienen en una chabola durante dos meses, malcomiendo, sin higiene. El guía nos dice que hay que salir caminando hacia el desierto. Tardamos 25 días. Andamos de noche. Descansamos de día. Sin comer, bebiendo poco. Algunas personas mueren. Si alguien se retrasaba, se quedaba atrás, nadie se preocupaba por ella. Yo me retrasé y el grupo siguió hasta Argelia. Me ayudaron unos nativos. Alcancé al primer grupo en Tamanrasset, el sur de Argelia. Las 40 personas ya se habían dispersado. A los seis que salimos juntos nos alojaron en una casa tres días. Un día, llegó la policía, entró en la casa, acusándonos a las mujeres de prostitución, y nos llevaron a la cárcel. Nos maltrataron. Nos deportaron a Mali. Allí, cada uno buscó su camino. El guía, al oler a la policía en Argelia, nos abandonó a nuestra suerte. En Mali permanecí un mes. Apareció un hombre que se ofreció a ayudarme a llegar a España a cambio de dinero. Hizo lo mismo con otras siete personas. Juntos nos fue llevando hasta Marruecos en coches que alquilaba. En este país estuvimos tres meses. En ese tiempo, las mafias fueron preparando los destinos de cada uno, quién les esperaba, dónde iban a ir, etc. Una noche nos despertaron y nos llevaron a escondidas hasta Tánger. Salimos en patera hacia Tarifa. La patera se hundía por el peso. Íbamos 45 personas; los hombres, achicaban agua y las mujeres rezábamos. La Guardia Civil nos auxilió.

¿Qué te encuentras en España?

Nos dieron un documento donde se decía que sólo podíamos estar tres meses en España. Después nos dejaron libres. Las mafias volvieron a contactar con nosotras. Recuerdo mucho frío y mucho miedo. Estaba en un país donde no sabía cómo iba vivir. Al final, mi jefa se comunicó conmigo y me trajeron aquí. Me sentía feliz, llamé a mi mamá y le dije que ya había llegado.

Al principio, la jefa fue cariñosa conmigo, pero cambió. Tres días después de llegar a Navarra, me obligó a ir a la calle.

¿Era la primera vez ?

Sí. Pasé tanto frío. Nunca había sentido tanto frío, No pude hacer nada. Yo no lo sabía, pero las chicas iban vestidas con cinco jerséis y yo iba con uno. No aguanté. Volví a casa antes de la hora. Ella se enfadó. Me gritó, me decía que tenía que trabajar, que esforzarme más, que ella también había estado en la calle, que sabía lo qué era y que había ahorrado el dinero suficiente para traerme. Me sentí muy mal. Al día siguiente, me sucedió lo mismo. Regresé a casa y por miedo me quedé durmiendo en el rellano hasta las cuatro de la madrugada. No podía soportar el frío. Me enviaron a un piso de prostitución y luego a varios clubes de carretera para poder pagar la deuda. Al principio no me dejaban dormir. Si dormía más de cuatro horas, problemas, siempre problemas. Lloraba mucho, hablaba con mi madre, ella me decía que debía aguantar. Mi jefa tiene un negocio. Yo le ayudaba en casa, le lavaba la ropa, trabajaba en el negocio. Pero ella me gritaba continuamente. No podía más. Tenía que ganar dinero para la casa, la comida, la deuda… Nada es gratis.

¿Hay muchas chicas obligadas?

Un 80% de las chicas están obligadas. La mayoría de las africanas venimos aquí con jefe o jefa, con alguien a la que tenemos que pagar durante mucho tiempo. No hay otro motivo. A veces son 45.000 euros; el mínimo 25.000.

¿No hay otra manera de conseguir ese dinero?

No tenemos permisos, ni papeles, las jefas nos quitan los pasaportes, y eso nos dificulta encontrar algo digno. Hay que comer y pagar la casa. Es un infierno. Puedo denunciarlas y ella iría a la cárcel, pero con una sola llamada que haga a mi país… en Nigeria no es igual, no hay justicia. Aquí la policía puede protegerte. Allí no. El dinero te calla la boca. Las chicas tenemos miedo. Sólo una llamada – repite – . Hay jefas que son muy malas, que nos pegan. El otro día escuché que una había tirado aceite hirviendo en la cara a una de estas chicas.

¿Cómo se siente una mujer en estas circunstancias?

Este trabajo tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que sí ganas dinero, la desventaja es que estás destrozando tu cuerpo. Sientes que te están… – se queda en silencio – “raped” (violada en inglés) – pregunta – , ¿sabes lo qué significa “raped”?. Sí, eso, violando. Y hay que aguantar. Ellos no tienen paciencia para esperar. Hay que pagarles y punto. Como mínimo, tardas un año.

¿Hay personas que trafican con mujeres desde Navarra?

Mujeres africanas y blancas, todo el mundo tienen una persona detrás. La gente se fija en los africanos, pero las brasileñas también lo están pasando mal. Lo que pasa es que las mafias africanas son las peores. Todas venimos con una deuda. Las latinas deben cumplir un año de contrato. Durante este tiempo están obligadas a entregar todo su dinero. Hay madres e hijas que están calle. Mujeres que se traen a sus propias hermanas para que se prostituyan.

¿Y todo esto ocurre en Navarra?

¿Cuántos jefes puede haber?

Hay muchos. Normalmente, una jefa por cada dos o tres chicas.

¿En los pisos de prostitución hay jefes que son de aquí?

No sé. Nunca he visto blancos.

¿Cuántos años tenéis?

Unos 20 años.

¿Seguro que no hay menores?

No, – duda antes de responder – .

¿Cuánto se gana en un club ?

No se puede decir, no es un dinero fijo. Antes había chicas que ganaba 3.000 euros; ahora con la crisis un máximo de 1.500.

¿Qué parte del dinero se entrega al jefe del club?

Depende. Hay clubs que dejan la mitad para la chica.

¿Cuántas horas?

Ocho. Pero hay clubs en los que estás 24 horas.

¿Y si no ganas nada?

Ellos no te creen. Piensan que te lo guardas.

¿ Aparte del jefe del club, tienes que pagar dinero a tu otra jefa?

Sí.

¿ Cuánto dinero queda para pagar la casa y la comida?

No gasto mucho, unos 500 – con este dinero, Djanet tiene que comer, pagar el alquiler, y enviar a su madre a Nigeria – en un momento de la conversación, Djanet explica, sorpresivamente, que, en cierta manera, les están muy agradecidas a estas personas a las que denominan jefas por sacarles de la miseria de África – . Todo es mejor que la vida en Nigeria. Prefiero vivir así que volver allí.

Sin embargo, vive vendiendo su cuerpo y se siente violada…

Muchas veces. No debían obligarnos a vender nuestro cuerpo, si nos diesen más tiempo para devolver el dinero…

¿Les tratan bien los clientes?

A veces es horrible. Hay sádicos. Pero hay que aguantar, ellos pagan. Los fines de semana es cuando más clientes vienen.

¿Por qué no denunciar?

Miedo. Claro que nos da miedo. Yo soy cristiana, algún día lo pagarán. Ellos también tienen miedo a la policía. No quiero denunciar, con una sola llamada a mi país, mi familia peligraría. Allá la policía se cae con un poco de dinero. No se puede denunciar. Aunque vayan a la cárcel no van a parar.

¿Por qué se permite la prostitución en Navarra?

No lo sé. Las africanas no tenemos los mismos derechos. Los trabajos que sobran son para nosotras. Nunca he visto a una africana en un bar. No te dejan ninguna oportunidad. No te puedes quedar en casa, hay que comer.

¿Cree que la trata de mujeres en Navarra se permite?

Para mí, sí. Ahora no hay nada más. No hay solución sin trabajo. Que nos den trabajo.

¿Qué le diría al presidente del Gobierno de Navarra?

Que nos de más oportunidades a las mujeres africanas. Muchas queremos cambiar, por ejemplo en una tienda. Yo no quiero volver a mi país. Allá es más duro que aquí. Es mejor sufrir aquí.

¿Dejaría su jefa que cambiase de trabajo si le diesen la oportunidad?

Podría hablar con ella, si le doy el dinero no le importaría.

¿Cada cuánto tiempo le paga?

Si vives con ellas pagas cada dos semanas. Si vives fuera, cada mes. Ellos también tiene miedo.

¿Para ti qué significa la libertad?

Estar libre, sin que nadie te controle.

¿Eres una mujer libre?

Totalmente no – ríe – .

¿Cuál es tu sueño?

Estudiar. Ser bailarina. Abrir una peluquería. Trabajar en algo distinto. Pensé que al venir obtendría una oportunidad. Por eso hay tantas chicas que se dedican a la prostitución. Quieren cumplir un sueño.

¿Hay muchas africanas en los clubs?

A las africanas les gusta más la calle porque en los clubs te obligan a pagar lo que ganas con el jefe, beber mucho alcohol y tomar droga.

¿Se mueve mucha droga?

Si hay chicas blancas, hay droga. Los jefes del club te lo dan porque hay algunos clientes que les gusta tomarla con las chicas. Beber no está tan mal, fumar no está tan mal, pero la droga… no es vida. Hay clientes a los que no les gusta colocarse solos. Obligan a las chicas a tomar y ellas se acaban haciendo adictas. Pero no se puede decir a los que más pagan. Y los que más pagan suelen ser los que esnifan.

¿Qué tal se lleva con el resto de las chicas africanas?

No puedo tener confianza en ellas. No sabes si te está vigilando para que no te guardes el dinero. Estoy bien solita, sin amigas.

Djanet se saca el anillo de su mano izquierda y se lo coloca en el de la derecha.

“Me tengo que ir. A las ocho empiezo a trabajar”.

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