Migraciones
El Correo, , 05-03-2011El jueves hicimos doblete con un documental vespertino y el club de jazz nocturno. A la tarde, en el BizBak, el nuevo auditorio de la UPV en Abandoibarra, lleno de universitarios (a Pato se le iban los ojos con las alumnas), vimos el estreno de la representación que los cinco guerniqueses de Audience han ideado para la banda sonora del documental costumbrista ‘Amerikanuak’, un film acerca de viejos pastores vascos emigrantes en Montana años ha, que hablan en euskera cerrado pero que han asimilado las costumbres del viejo oeste hasta parecer personajes fordianos en vías de extinción: son viejos, se consideran los últimos de una estirpe, sus descendientes ya no hablan euskera – como el sheriff, hijo de vascos – , y eso les apena.
Ante imágenes de montañas heladas, llanuras sin fin, manadas ganaderas, carreteras transitadas por grandes camionetas y pequeñas poblaciones planas con sus edificios iluminados (el casino y el restaurante daban ganas de entrar en ellos), Audience, asumiendo la disposición escénica de los Walkabouts, lograron imponerse a la frialdad del local y empastar sus instrumentales con slides vía Ry Cooder, reverberaciones propias del country alternativo actual, rockabilly a lo Heavy Trash, folk céltico…
Además, en sus 82 minutos de intervención también apagaron el proyector para intercalar otros temas cantados, como el cover de Blind Willie Johnson, el ‘Txoria txori’ de Mikel Laboa u originales suyos como el americanísimo y alegre ‘Small Town’ y el torero ‘Nashville Shirts’ que cerró el bis. Muy bien.
Otro estreno
Por la noche empalmamos con el Bilbaína Jazz Club, donde actuaba Operación Oculta, un sexteto de lujo encabezado por el talentoso trompetista yanqui Chris Kase (New Brunswick, Nueva Jersey, 64), inmigrante en Madrid y que ha trabajado con el exItoiz Juan Carlos Pérez. También figuraban el saxofonista navarro Mikel Andueza, el magno pianista gallego Abe Rábade y el contrabajista nipón Masatoshi Kamaguchi, Masa para los amigos. En el primer pase, en casi 40 minutos, sin dejar de mirar los atriles con las partituras, moldearon cinco estupendas composiciones de Kase, con aroma y cuerpo de jazz americano de los 50 a lo Gil Evans, un repertorio muy cool con los seis músicos perfectamente compactados y equilibrados, sobrios en los solos (Rábade magno, Kase a lo Miles pero con personalidad…) y hasta intrigantes en la balada. Mucho nivel.
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