La ONU tarda dos días en admitir la crisis humanitaria en la frontera tunecina
"No podemos con todo esto"
La Vanguardia, , 02-03-2011Desde al menos el domingo pasado, todo el mundo estaba convencido en el paso fronterizo de Ras Jdir de la existencia de una crisis de refugiados: los voluntarios tunecinos, los periodistas, los taxistas… y, sobre todo, los miles de hombres (las familias son rápidamente evacuadas) que pasan la noche al raso entre montones de basura. En la fronteriza tunecina hace un frío espantoso. Hace un par de días, La Vanguardia preguntaba a las representaciones – casi simbólicas-de las organizaciones internacionales si había tal crisis. “Todavía no”, respondían. No fue hasta ayer cuando Acnur lo reconoció, después de plantar sus tiendas blancas en el campamento militar al que llegan entre 12.000 y 15.000 personas cada día.
El problema es que a Ras Jdir llega cada día más gente de la que es evacuada de la zona fronteriza de Túnez. Un buque embarcaba ayer a 1.500 egipcios en el puerto de Zarzis hacia Alejandría. En esta pequeña ciudad con casas de veraneo propiedad de franceses se les veía deambular por la playa. Se alojan en escuelas, estadios, centros de jóvenes, en Zarzis, Ben Gardane, y hasta más al norte, en Sfax.
Ayer y el lunes, policías y militares tunecinos tenían que ir cerrando la valla durante unas horas para evitar que todo se desbordara. Sobre el muro, en sus alrededores y en el pasadizo de la aduana, el control lo ejercen los buscavidas de la frontera, unos energúmenos armados de palos que tratan a la gente como ganado. De vez en cuando les arrojan botellas de agua por encima de la barrera; hay gritos, quejidos hombres desmayados que son sacados en andas por la multitud hacia este lado, en que están los camilleros; algunas mujeres con niños pequeños que tienen que trepar por tramos de muro con alambradas. Hay polvo, olor a podredumbre, broncas entre policías, soldados y jóvenes gamberros.
Un millar de bengalíes esperaban ayer sus autobuses para embarcar en un vuelo fletado por la Organización Internacional de las Migraciones. El lunes, desesperaban: no tienen embajada en Túnez, la de Libia guardó silencio. “Salimos en camiones de arena y los libios nos han robado todo”. Empleados de la constructora coreana Hanil, subcontratada por la libia Hailo, no han cobrado en tres meses, aseguraban. Los vietnamitas empleados en la misma compañía clavaron su bandera en el muro de un edificio ruinoso. "Llevamos cuatro días aquí – decía Nguyen Tantan-.
Los coreanos se fueron, los bengalíes se van, pero nosotros no tenemos a nadie".
A este lado de las barreras ya no hay palos ni gritos, sino bocadillos de sardinas, yogures, agua, mantas… Todo en una gran nave a la que van llegando aportaciones de la gente “de todo Túnez, que lo trae en coches particulares”. “Nos empezamos a organizar en las mezquitas – dice Maher, un joven que participó en la revolución tunecina en Bizart-porque si no esta gente iba a morir. ¿Dónde está el gobierno, dónde está la república de Túnez? Nadie ha venido siquiera”. El peso de la “arriesgada situación de emergencia” como dice Acnur, lo ha estado llevando la gente, voluntarios que además están en paro. “Pero no podemos con todo esto, no estamos preparados”, dice Mansur, de Zarzis.
Entre los cinco millones de inmigrantes en Libia (un país de 6,7 millones de habitantes con la superficie de tres Españas), los egipcios son un millón. Su gobierno no pone medios suficientes para llevarles a casa, se quejan los tunecinos. Todo el mundo sabe que huyen porque Gadafi acusa a Egipto de sus problemas, que huyen de un conflicto bélico. Pero según los criterios burocráticos de las agencias internacionales, no están huyendo de su propio país y no son, por tanto, refugiados.
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