Inseguridad fomentada

La Voz de Galicia, Alicia Fernández, 21-02-2011

A raíz de una serie de hechos muy graves se debate estos días en la comarca si hay mayor inseguridad en los últimos tiempos. En el centro de esta discusión se sitúan dos premisas coyunturales como son la crisis económica y un mayor número de inmigrantes. En un segundo plano, se habla de una pérdida de valores o de un modelo educativo que hace aguas y, por tanto, no cumple su función. Estamos ante un problema con muchas aristas, propenso a la confusión. También a la demagogia de quien, en teoría, debe aportar soluciones.

Por otra parte, las sociedades acomodadas y con cierto nivel económico son muy sensibles a este asunto; por ello, sobre todo si estamos en un terreno político a monte y navaja, caso patrio, es tarea imposible sustraerlo del subjetivismo y de las torticeras interpretaciones.

Hace unos días escuchaba a un representante de las fuerzas del orden, nombrado de forma discrecional, exigiendo a todos los partidos que no se usase este asunto para la batalla política. Si esto mismo lo urgiera un currito de la Guardia Civil o de la Policía Nacional estaríamos ante una petición que todos entenderíamos razonable y objetiva. En su caso, defendiendo a capa y espada una menor tasa de delitos, para salvar la posición de aquel que le nombró, es más dudosa.

Con estos antecedentes y conociendo con quien nos jugamos la bilis, han de ser los ciudadanos los que lleguen a conclusiones de sentido común. Para empezar habremos de distinguir entre delitos denunciados y no denunciados, pues a veces un porcentaje elevado de la sociedad puede llegar a tener la sensación de que es peor lo primero que lo segundo. Elemento que no es baladí en esta España nuestra. Después habremos de advertir lo peligroso que resulta, en un asunto como este, tomar la parte por el todo o el todo por la parte.

Las generalizaciones son una fuente de conflictos más graves que el problema en sí, pero son utilizadas sin rubor por mercenarios de la política. Por ejemplo, puede haber un incremento de los delitos cometidos por inmigrantes o personas en paro, pero está claro que esos dos segmentos de la población han crecido sustancialmente por lo cual sería un argumento espurio si no se acompaña de datos que permitan una comparativa proporcional.

Quizás tenga mucha mayor incidencia un problema de fondo, que nos exige a todos entonar un mea culpa. Acostumbrados a pasar del blanco al negro hemos confundido el tocino con la velocidad. O lo que es lo mismo, el reconocimiento de derechos con la no exigencia de deberes. Y una educación progresista, tanto familiar como académica, con la total impunidad de los hijos o de los alumnos, a los que es políticamente incorrecto reprochar nada. Sesudos psicólogos dirán que si su hijo suspende siete asignaturas no lo castigue, ni le recrimine, para no traumatizarlo. Puede que asegurándose la clientela en el futuro. Y así nos va.

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