Los pakistanís, en continuo movimiento
En Vitoria viven más de mil ciudadanos de este país sudasiático, «una cifra que se altera en función del trabajo; nuestra gente va y viene por ese motivo»
El Correo, , 21-02-2011La comunidad pakistaní está formada en la capital alavesa por un millar largo de personas, según los últimos datos del padrón municipal de habitantes de finales de septiembre del año pasado. «Quizá seamos más de mil», reconoce Iftkahr, a pesar de las últimas bajas en el censo. «Sí hemos leído esas noticias, pero también han llegado personas de nuestro país en busca de trabajo. Las cifras se alteran porque la gente va y viene por ese motivo», añade.
La estabilidad laboral es el objetivo que buscan los miembros de esta comunidad sudasiática. «Pero no es fácil. No hay trabajo y no hay ayudas», relata para explicar y confirmar los motivos de esta masiva salida del padrón de inmigrantes y, en concreto, pakistanís.
Arif nació en Islamabad y lleva doce años en Vitoria. Con él llegaron a vivir «veinte personas, entre familiares y amigos», en diferentes pisos. Otra época. Ahora «estoy solo con un sobrino». Y quizá por poco tiempo, porque sus negocios también sufren la crisis. Se dedica a la construcción y en 2007, «cuando había ocho o nueve empresas» vinculadas al sector y que estaban regentadas por pakistanís, «yo tenía más de cien trabajadores a mi cargo». Cuatro años después dispone de cuatro.
Cataluña y la zona del Levante son algunos destinos que eligen los pakistanís afincados en Vitoria para buscar una mayor estabilidad. «Allí sí hay más trabajo», plantea Majeeb Ullah, un joven de 26 años que lleva siete en la ciudad. Aunque él, de momento, está satisfecho de su negocio, el Ankara Doner Kebab, en la céntrica calle Cruz Blanca.
Gujrat, el origen de muchos
Majeeb nació en Gujrat, al igual que Iftkhar y como otros muchos vecinos de la capital alavesa. Pero esta coincidencia no es casual, «porque hay gente de Gujrat por todo el mundo, en Inglaterra, en Francia…». Son como los gallegos que emigraron a diferentes países en siglos pasados. Están en continuo movimiento.
Incluso dentro de un mismo país. El propio Iftkhar, casado con una marroquí y padre de cuatro hijos «vascos», lleva veinte años en España, los últimos trece en Vitoria, donde empezó en la construcción. «Ahora estoy jubilado», precisa, pero tiene un negocio de hostelería, «un kebab», con otro socio en Pamplona.
La comunidad pakistaní de Vitoria se reúne los viernes en la Mezquita Faizane Madina. Reclama un campo de cricket «para no tener que jugar en la calle» y también más plazas en las escuelas de adultos «para poder estudiar».
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