Los extranjeros animan el censo

Diario Sur, CRISTINA GONZÁLEZ cgonzalez@diariosur.es, 20-02-2011

REINO Unido. Marruecos. Italia. Eritrea. Uzbekistán. Malawi. Y así hasta citar 137 países que se identifican con más o menos facilidad en los mapas. Que Marbella es un crisol de culturas no es solo una frase hecha para vender de puertas para afuera el cosmopolitismo de la Milla de Oro. Familias de casi todos los puntos del globo terráqueo han puesto sus ojos en esta ciudad al sur del sur de Europa para emprender una nueva vida personal y laboral aún en tiempos de crisis. Un peso específico del que queda constancia en el censo y que, lejos de decaer, sigue creciendo año tras año. Basta con echar un vistazo a las últimas cifras oficiales del padrón municipal para constatar una realidad que también se nota en las calles. Si en 2010 se contabilizaban 140.429 censados, en el arranque de este año el dato se estiraba hasta las 142.881 personas. Esto es, el número de empadronados subió en el último año en 2.452 personas – un 1,7 por ciento – gracias en gran parte a las nacionalidades no españolas, que representan el 52 por ciento de los nuevos censados con los 1.293 extranjeros inscritos a lo largo de 2010. Es más, casi tres de cada cuatro vecinos contabilizados por el Ayuntamiento son ya extranjeros: 41.230 del total de empadronados.

No es solo que sigan escogiendo la joya de la Costa del Sol como lugar para afincarse, que también, sino que con el paso de los meses y gracias a la permanente campaña municipal, recogen el guante de darse de alta en el censo. «Cada vez están más concienciados con la importancia de estar empadronados, de que es una obligación moral y cívica que ayuda a que los servicios funcionen debidamente», valora el presidente la Federación de Asociaciones de Extranjeros de la Costa del Sol (FAECOSOL), Ricardo Sánchez Bocanegra. El mismo mensaje que lleva trasladando el Ayuntamiento a las comunidades foráneas casi desde que comenzó este mandato.

Esta misma semana el Departamento de Extranjeros se reunía con los residentes noruegos para animarles a sumarse al censo. «Les intentamos responsabilizar del futuro de la ciudad. De que pueden hacer algo en beneficio de la comunidad y de su propia calidad de vida», apunta José Luis Hernández, concejal de Turismo, Inmigración y Extranjeros. Es tan simple como inscribirse en el registro municipal para que la población de hecho se ajuste a la de derecho. «Hay un salto hasta las 220.000 personas de población estable anual que tiene la ciudad», añade el edil. Y de ellos, aunque también hay muchos españoles reticentes por cuestiones fiscales a empadronarse, los foráneos también integran una cuota importante de vecinos que el Consistorio quiere formalizar.

Más británicos

Pero, ¿cuáles son las nacionalidades que tiran del carro de la población? Al margen de los españoles, que por supuesto llevan las riendas, británicos, marroquíes, alemanes, ecuatorianos e italianos rezan mayormente y por este orden en los pasaportes de los residentes instalados en Marbella. En todos los casos, a excepción de los 221 ecuatorianos que retornaron a su país en 2010, la colonia ha ido en aumento. 276 británicos más hasta alcanzar los 5.166 censados y 237 más en el caso de los marroquíes hasta situarse en 4.795, por citar a los que van a la cabeza. Y eso pese a que la libra no pasa su mejor momento. «Para ellos seguimos siendo un destino cercano y seguro, lo que nos hace un mercado preferencial», explica Hernández sobre esta aparente contradicción.

El clima es el principal factor que desequilibra la balanza a favor frente a otros destinos. También los equipamientos, caso de la abundancia de colegios internacionales, y las comunicaciones, por la cercanía del aeropuerto de Málaga. «Muchos se instalan en Marbella, montan oficinas sofisticadas en sus casas para trabajar por videoconferencia o van y vienen a sus países de origen para volver los fines de semana», añade Sánchez Bocanegra sobre la apuesta por la Milla de Oro como lugar de residencia.

Otros no han tenido tanta suerte ni tampoco el colchón de una empresa propia. Es el caso de los más de 200 ecuatorianos que en 2010 se dieron de baja en el censo. «Muchos han vuelto a sus países porque ya habían agotado el paro o se deciden por irse a Francia o Bélgica para buscar suerte», apunta Hamido Ahmed, coordinador de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes de Marbella, que se lamenta de que familias enteras hayan tenido que dejar Marbella por las dificultades para subsistir.

Pero frente a estos huecos que se van quedando en el censo, asoman otras nacionalidades que vienen empujando fuerte. Suben los rusos y los iraníes, con ganas de invertir en la ciudad. Los primeros, según el presidente de FAECOSOL, lo tienen más fácil para afincarse. Se trata mayormente familias jóvenes y de clase media – alta que superan ya el millar (1.004 censados) y que solo en el último año han aumentado en 110 empadronados. Los iraníes, por su parte, se topan con el problema de la burocracia y de momento no llegan al centenar. «Tienen un gran interés por invertir pero se les están denegando los visados. Es una pena», se lamenta Sánchez Bocanegra, que confirma el interés de empresarios de Irán por adquirir viviendas. Una decisión, la de la ubicación del hogar, que clarifica el mapa de los extranjeros del término municipal.

Coste de las viviendas

Lejos de un reparto homogéneo, las nacionalidades predominantes varían según el distrito. Si en el casco urbano de Marbella los marroquíes, con 2.086 censados, son mayoría, al igual que en San Pedro, con 1.255 empadronados, en Nueva Andalucía y Las Chapas los británicos, con 1.787 y 1.734 residentes oficiales respectivamente, llevan la voz cantante. Las razones hay que buscarlas, de una parte, en el coste de las viviendas y, de otra, en el efecto llamada. «Lo normal en la mayoría de las grandes ciudades es que la gente se desplace a las zonas residenciales y los cascos urbanos se pueblen con inmigrantes porque los pisos, más antiguos, son más baratos», apunta Ahmed sobre la presencia mayoritaria de marroquíes, ecuatorianos o colombianos, por este orden, en el casco urbano de Marbella.

El boca a boca también influye. El concejal de Extranjeros explica que se da, por ejemplo, en la colonia de alemanes de Las Chapas, que asciende a 1.163 personas animadas también por la presencia el Colegio Alemán, o en la abundancia de británicos en Nueva Andalucía. Aunque eso no implique que hagan un uso endogámico de estas colonias. «Ahora hay una sensación de vinculación y de pertenencia a Marbella, que cada vez más es una comunidad de comunidades», valora.

Así lo hace ver el Ayuntamiento con su campaña Marbella Open City (Marbella ciudad abierta), que quiere aprovechar la sinergia de las distintas nacionalidades y fomentar la cooperación e integración empresarial y social. Empezando por dejar de llamar extranjeros a los que ya son un vecino más. «Queremos desterrar esa palabra, porque ya nadie es extranjero, y llamarles residentes internacionales», agrega. Los que se cuentan por miles en un censo cada vez más de Babel.

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