Tendencias comerciales en la capital

Las tiendas de compra-venta de oro se abren paso en todos los barrios

Colmados de inmigrantes y centros de belleza son los otros negocios que más relevan a los cerrados. La crisis y el miedo a un robo propicia el mercado de joyas usadas, aunque el gremio alerta de los precios.

El Periodico, 13-02-2011

puede ser que el presupuesto doméstico no dé para más y sea más importante tener un plato caliente en la mesa que un anillo que un lejano día marcó algún compromiso. O también que uno esté harto de guardar debajo del colchón joyas familiares que apenas se pone y que cualquier día le robarán en el domicilio. Sea cual sea la razón, cada vez más personas se están deshaciendo de sus joyas y el mercado no ha tardado en responder en forma de una invasión de tiendas de compra – venta de oro que se abren paso en todos los barrios de Barcelona.

Este tipo de establecimiento, junto con colmados regentados por inmigrantes y centros de belleza, depilación y estética son los que están más en auge (restauración aparte) a la hora de relevar a los establecimientos cerrados. El concejal de Comercio, Roger Pallarols, señala una ligera mejoría de la situación, con aperturas casi fulminantes en cuanto algún local cierra en los principales ejes comerciales. Otra cosa son las calles que quedan fuera de los grandes circuitos.

El edil sostiene que el tejido comercial de la ciudad tiene «una gran capacidad de adaptación y recuperación» e indica que el mercado se reequilibra rápidamente. Como sucedió con el boom de los todo a cien o las fruterías, ya frenado. Ahora es la pequeña alimentación, regentada por inmigrantes, y el sector del cuidado personal, que busca acercarse más a los domicilios y ser un servicio habitual, la que vive una expansión visible en calles secundarias y fuera de los ejes, coinciden varias inmobiliarias consultadas.

A PESO / No obstante, lo que resulta más llamativo es el desembarco de las cadenas de compra – venta de oro en cualquier zona. «Todo vale según su peso, no importa el diseño ni que lleve piedras, a no ser que sean brillantes», explica un vendedor de una red de establecimientos, con dos tiendas en el barrio de Sant Antoni. Explica que la mala situación económica ha llevado a muchos ciudadanos, de cualquier edad, a deshacerse de bienes de valor. «Algunos empeñan, otros venden», dice, y casi siempre son mujeres.

«La gente ha ido perdiendo la vergüenza», detalla, aunque no es infrecuente ver alguna lágrima cuando la tasación decepciona. Y es que este vendedor, como otro en un establecimiento del Eixample que no desea ser identificado, apunta que al salir de una joyería la pieza vale «mucho menos», y en el nuevo mercado de segunda mano su coste la pasada semana se situaba entre los 18,5 y los 19 euros el gramo de oro. Casi siempre es para fundir, cuentan, aunque en ocasiones lo revenden.

No toda la oferta es nueva. Barna d’Or, con tres tiendas, lleva años en marcha. Pagan al contado e incluso a domicilio. Pero otros sí se han hecho ahora visibles. La red Banco del Oro asegura discreción. Compro Or anuncia tasaciones sin compromiso, Bankoro deja claro que también compra lingotes y monedas (al parecer hay más de los imaginables entre pequeños inversores), y Orodimas afirma que compran hasta un kilo de oro. La mayoría de clientes van de unas a otras en busca de la mejor tasación. En algunas tiendas indican que el aumento de robos en los hogares ha llevado a muchos ancianos a deshacerse de lo que no usan por miedo a que se lo quiten. «Prefieren el dinero en mano», afirman.

Fuentes del Col·legi de Joiers, Rellotgers i Gemòlegs de Catalunya (Jorgc) señalan que la mayor parte del nuevo colectivo no está colegiado y recomiendan a cualquiera que quiera vender sus joyas que consulte con peritos antes de tomar una decisión. Insisten en que el trabajo y la artesanía de las piezas debe cotizarse más allá de su mero peso.

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