SUDÁFRICA
La Vanguardia, , 11-02-2011Durante los 40 años de la política del apartheid en Sudáfrica el blanco era el ser supremo, casi igual que cuando anteriormente esta zona había sido una colonia británica. La diferencia consistía únicamente en que el gobierno de Sudáfrica inventó el nombre de apartheid, o “desarrollo por separado”, para cubrir e incluso justificar sus desmanes.
Entre una población total de unos 50 millones, los blancos no llegaban a los seis millones y entre ellos, los afrikaners, eran poco más de tres millones. El afrikaner es el descendiente de los holandeses, franceses y alemanes que se habían establecido en el Cabo desde el siglo XVII. Con suma habilidad consiguieron que el poder político radicase en su raza y dominaron con mano de hierro para no perder su hegemonía. La lengua que nació de la mezcla de las tres europeas incluyendo también palabras de los nativos de estos lugares, se denominó afrikáans.
Desde los inicios del establecimiento de un sistema político democrático en Sudáfrica en 1994, el primer problema que tuvo que confrontar el nuevo gobierno fue dar la oportunidad a más de 40 millones de personas a incorporarse a la vida social normal, pasando de un estado de semiesclavitud a formar parte de la clase media. A tal efecto, se establecieron normas y medidas controlables y severas bajo el manto de ‘Acción Afirmativa’ basándose en variaciones de sistemas ya en operación en muchos países.
Desgraciadamente, mientras que en otros países los beneficiarios de la ‘Acción Afirmativa’ ha sido siempre una parte ínfima de la población, en Sudáfrica la situación es muy distinta. Aquí, cinco millones de personas han de encontrar la manera de indemnizar a 40 millones de almas. Hay que educar, dar trabajo y colocar en puestos estratégicos a quienes sepan y puedan acelerar el ritmo de la incorporación dentro de la sociedad productiva a los que antes se encontraban en una situación desfavorecida (los oficialmente llamados “previously disadvantaged”).
Las normas que controlan a los organismos oficiales y a las paraestatales en lo que respecta a ‘Acción Afirmativa’ se aplican también a la empresa privada. El negro tiene preferencia sobre el blanco, esté o no el negro capacitado para el desempeño de las funciones requeridas. La primera reacción de la población blanca fue acusar al gobierno de ser racista a la inversa. A la larga, y hablando en general, se admite ahora que favorecer a las otras razas no es más que hacer hoy algo positivo por el país en favor de generaciones futuras. El gobierno, las empresas multinacionales, la banca, las compañías de seguros, las firmas financieras, etc. pueden permitirse el lujo de ser patriotas y “crear” puestos nuevos y duplicarlos si es necesario. El público paga esos sueldos. A pesar de todo, numéricamente la cantidad de estos nuevos puestos de trabajo no es más que una gota de agua en el océano. Las masas no están apaciguadas.
Además, la falta de experiencia y de formación de aquellos que han sido colocados en lugares estratégicos ha sucumbido a la ideología política que les rodea que es la acumulación de capital en el menor tiempo posible. El nepotismo, la corrupción y el soborno han echado por la borda a los altos ideales de líderes como Mandela, Sisulu y otros. La avaricia, la ineptitud, la falta de interés y de sentido de la responsabilidad tan visible en la mayor parte de los miembros del gobierno se ha esparcido como un cáncer por toda la sociedad. Los millones de personas que antes eran tratadas como objetos por sus opresores son ahora ignorados por aquellos a quienes han puesto en el poder.
(Puede haber caducado)