Activos solidarios
Las empresas de inserción se reivindican como creadoras de riqueza en su primera feria europea La crisis multiplica el número de usuarios que hace poco no estaban en riesgo de exclusión social
La Vanguardia, , 07-02-2011RAÚL MONTILLA / LUIS BENVENUTY – Barcelona
Las empresas de inserción reivindican su papel solidario, pero no quieren limosnas. Les gusta que se les vea como empresas sin ánimo de lucro, pero también sin ánimo de perdidas. Y entre sus virtudes destaca que, además de ofrecer segundas, terceras o cuartas oportunidades, convierten a ciudadanos que ya no creen en su futuro en trabajadores activos que no viven de subvenciones, sino que cotizan a la Seguridad Social. Inserción por lo económico. Y van al alza: en menos de diez años, en Catalunya han pasado prácticamente de no existir a ser una cincuentena. En el conjunto de España son más de dos centenares. A finales de mes celebrarán Inserciona, la primera feria europea de empresas de inserción laboral (Barcelona Social Label). Quieren ganar en visibilidad y demostrar que son otra forma de crear riqueza.
“Somos un sector poco conocido y a pesar de la crisis se están creando más empresas de inserción que las que se destruyen”, asegura Nieves Ramos, presidenta de la Federación de Asociaciones Empresariales de Asociaciones de Inserción (Faedei). “Los usuarios pueden estar un máximo de tres años con nosotros. Invertimos en ellos, los formamos y cuando están preparados y son trabajadores rentables los ponemos a disposición de las empresas ordinarias”, añade Víctor González, presidente de la Federación de Empresas de Inserción de Catalunya (Feicat). Crean trabajadores formados, competitivos para el mercado y que, a la vez, han solucionado sus problemas. “Las empresas ordinarias acumulan talento, invierten en sus trabajadores; nosotros, cuando lo hemos hecho, comenzamos de nuevo para poder ayudar a más gente”, añade.
Son empresas que suelen nacer a partir de fundaciones o de asociaciones solidarias que han de hacerse rentables, al menos para mantenerse, para seguir cumpliendo con sus objetivos. Su principal preocupación, más que buscar subvenciones, es conseguir trabajo para sus usuarios. El colectivo al que se destinan es todo aquel ciudadano que, por situaciones muy diversas, no lo tiene fácil para acceder al mundo laboral. Llegan a él principalmente a través de los servicios sociales. Entre sus usuarios no son mayoría los ex presidiarios o drogadictos en proceso de rehabilitación. Destacan las víctimas de la violencia de género, los inmigrantes, mujeres – y también hombres-con cargas familiares, jóvenes procedentes del fracaso escolar, parados de larga duración… Todos aquellos que quedan al margen del mercado laboral: un amplio espectro social que la crisis económica no cesa de alimentar. “Actualmente, por los datos de toda España, el 26% de los usuarios son inmigrantes, y hay otro colectivo también importante, los jóvenes”, apunta Ramos.
“La crisis hace que haya más gente muy preparada pidiendo ayuda a las empresas de inserción. No olvidemos que hay más de 4,5 millones de parados en España”, señala González. Se ha diversificado el perfil del usuario, ha aumentado el número de empresas de un fenómeno “relativamente nuevo”, manifiesta Ramos. Y también se ha incrementado el tipo de servicios que ofrecen. Tener que competir en el mercado como cualquier otra empresa les obliga a multiplicar su oferta, ya no se dedican sólo a gestionar plantas de depósito de residuos, limpiar obras, despejar bosques… “Y siempre pagan salarios de convenio. El trabajador deja de cobrar la renta mínima y cotiza en la Seguridad Social”, puntualiza González. Así demuestran que hay otra economía social y solidaria, otra forma de hacer empresa también es rentable. “En Catalunya somos unas 50 empresas, con una facturación de 27 millones de euros y que emplean a 1.550 personas”, añade.
Estas empresas siguen creciendo en número, por la propia crisis, una crisis que también ellas padecen. Hay menos dinero, la economía sumergida es competencia, así como los planes de empleo de los ayuntamientos, que contratan a ciudadanos también con dificultades y que no tienen que preocuparse por pagarles. Lo hace la Administración central. Además, el paro hace que la inserción sea cada vez más complicada. Los usuarios que terminan su periplo en estas empresas tienen cada vez más problemas para encontrar luego un empleo.
Retos, aspiraciones, ganar en visibilidad, buscar nuevas oportunidades de negocio, demostrar que hay otra forma de ayudar a relanzar la economía. Que la solidaridad va mucho más allá de la caridad. Son algunos de los objetivos de la feria Inserciona, que se celebrará del 23 al 24 de febrero en el Centro de Convenciones Internacional de Barcelona.
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