«Pedralba quiere pasar página y que el asesino se pudra en la cárcel»
Las Provincias, , 05-02-2011A Antonio Fambuena se le humedecen los ojos cada vez que alguien pronuncia el nombre en vano de su prima. El vecino de Pedralba prefiere recordar en vida a Mari Carmen Ortiz, violada y asesinada de una paliza el 24 de mayo de 2009. Un inmigrante marroquí que vivió un tiempo en el pueblo fue presuntamente quien acabó con la vida de la mujer de 56 años.
«Pedralba quiere pasar página y que el asesino se pudra en la cárcel», afirma Antonio con el rostro cariacontecido. «Es hora ya de olvidar el crimen, pero no podemos perdonar», añade el familiar de la víctima. Los primos hermanos de la mujer asesinada recibieron ayer numerosas muestras de apoyo. «Todo el mundo dice lo mismo. Reclaman una condena ejemplar para el detenido», asevera Antonio.
La detención del sospechoso fue posible gracias a una exhaustiva investigación del Grupo de Homicidios y los agentes del laboratorio de criminalística de la Guardia Civil de Valencia. En una minuciosa inspección, los especialistas lograron aislar restos orgánicos y huellas dactilares del asesino.
La búsqueda del asesino hizo que, durante semanas, prácticamente todos los vecinos que habían tenido algún contacto con la mujer se convirtieran en sospechosos. Muchos de ellos, cerca de 200, se sometieron en los meses siguientes a pruebas de determinación del ADN, con el fin de colaborar en la investigación y demostrar que estaban libres de sospecha.
El cerco al autor del crimen se estrechó cada vez más con las indagaciones que realizaron varios guardias civiles. Casa por casa, los agentes se entrevistaron con todos los hombres que tenían un perfil determinado. El fontanero, los albañiles que rehabilitaron la casa donde apareció el cadáver, varios alumnos de la víctima, repartidores, comerciantes, tres inquilinos magrebíes y otros hombres que habían mantenido algún contacto con la mujer asesinada fueron interrogados por separado.
Las siguientes pesquisas se centraron en Bouker M., un marroquí que abandonó Pedralba después del crimen. Era uno de los tres sospechosos identificados tras una ardua investigación policial y científica. La Guardia Civil desconocía su paradero hasta que fue detenido en Torre Pacheco. Bouker M. había violado a otra mujer, pero en esta ocasión la víctima sobrevivió y pudo denunciarlo.
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