«Murieron abrazados en la cama, fue un acto de amor»

El entorno del matrimonio fallecido niega violencia machista

El Mundo, JUANFER FERNÁNDEZ / Vitoria , 28-01-2011

Decidieron morir juntos. A oscuras, abrazados y en la cama. Hurgaron por toda la casa hasta dar con la llave que les facilitaría las cosas. Con empeño la encontraron y accedieron a la escopeta de caza que uno de sus dos hijos guardaba con recelo en la casa de la familia. En la habitación del matrimonio, ella se quitó los anillos, las pulseras, el reloj, el colgante. Él hizo lo mismo, como quien mide hasta el último detalle de un ritual precocinado. Lo dejaron todo en la mesilla de noche y apagaron la luz. Ya sobre la cama, abrazados y a oscuras, decidieron morir juntos. «Fue un acto de amor, no de violencia».

Lo cuenta un amigo íntimo de la familia, de esos que reciben la primera llamada de una desgracia. Ha decidido llamarse Antón porque no busca «protagonismo». Sólo quiso hablar con este periódico para dar luz a la trágica muerte del matrimonio cubano que el pasado miércoles decidió quitarse la vida en Vitoria, para aclarar cómo murieron Alexis y Ela.

Él, de 76 años, nunca tuvo obsesiones que hicieran intuir los sucedido. Cubano de nacimiento, llegó a España con dos manos curtidas a golpe de grasa, de talleres. Tanto, que «en Cuba lo sintieron cuando salió de allí». Tanto, que fue el que levantó a su hijo cuando este fracasó al constituir su primer taller mecánico en Vitoria. Alexis era «la mano derecha» de su primogénito, explica Antón.

Era un hombre «activo», siempre dispuesto a ofrecer sus brazos para que la segunda apuesta empresarial de su retoño el taller electromecánico Cuba Motor saliera adelante. Quizá por ello, su hijo se sorprendiese al intentar en vano contactar con su padre la fatídica tarde del 26 de enero.

Necesitaba que Alexis le ayudara con unas piezas y le telefoneó a casa. No hubo respuesta, sólo sorpresa. Su padre siempre estaba al tanto de los suyos.

Sobre todo al tanto de su mujer, Ela. Eran uno. «Nunca se separaba de ella, se cuidaban entre ellos. Él no comía si no era con ella, y ella tampoco si no estaba él».

La muerte del matrimonio de ancianos cayó como una jarra de agua helada sobre el entorno de la familia. El propio Antón conversó con Alexis horas antes de que este y su esposa decidieran disparar contra sus cuerpos. «Se mostró agradable, como siempre, incluso bromeó».

Las tomaduras de pelo del matrimonio, no obstante, dejaron de serlo cuando se tuvo noticia de su fallecimiento. Fue entonces cuando resonó con fuerza aquello que Ela solía decir a menudo entre risas y amigos: «Yo cuando muera, me gustaría morir con mi Alexis».

Así fue. El hijo de la pareja llegó al número 7 de la calle Landaverde, en el barrio de Lakuabizkarra, tras no obtener respuesta alguna de Alexis. Accedió al segundo piso del bloque y se encaminó, a oscuras, hacia el dormitorio de sus padres. «¿Quién está durmiendo?», preguntó.

No hubo respuesta. Sólo una llamada entrecortada a la Ertzaintza. Y fue la propia Policía autonómica la que acalló las dudas del que reclamó auxilio. Antón lo aclara: «Le dijeron que se estuviese tranquilo, que habían muerto abrazados».

No hubo carta, nota o mensaje que explicase lo que allí acababa de acontecer. Los indicios, sin embargo, hablaron por Alexis y Ela.

«Quisieron morir juntos», apunta Antón. Eran uno y así lo evidenciaron. Ninguno vio cómo el otro se apagaba. Buscaron elegir y escogieron: un sólo tiro acabaría con ellos al unísono.

Los «rumores» que aseguraron que Alexis acabó con la vida de su mujer para después matarse él no han sentado nada bien a la familia de los fallecidos. El suceso está repleto de interrogantes: ni Alexis ni Ela apuntan las mismas fuentes tenían conflicto alguno el uno con el otro y no había indicios de depresión, de riñas o problemas. No en vano, lo único que amigos y familiares no están dispuestos a poner en duda es que el matrimonio era «ejemplar». Antón vuelve a aclararlo: «Él era un marido ejemplar; y ella, un pedazo de pan».

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)