Un caso ejemplar
El Universo, , 18-01-2011Lo es en todo sentido, pues ilustra fenómenos convergentes que mantienen el actual imperio del crimen en nuestra sociedad. Hace casi un año, Leandro de 14 años fue secuestrado en Quito cuando iba a su colegio en la buseta escolar, por una pandilla de colombianos y ecuatorianos especializada en secuestro de menores, que se lo llevaron ante todos sus amiguitos. Los criminales exigieron cuantioso rescate a los padres (profesionales de clase media), quienes pidieron ayuda a la Unidad Antisecuestros (Unase) de la Policía Nacional; la excelente unidad localizó a los criminales y los aprehendió, rescatando ileso al adolescente a los 18 días del secuestro. Sus valientes padres presentaron la denuncia, pero los delincuentes podrían salir en libertad el próximo 6 de marzo gracias a la corrupción de nuestro sistema judicial.
El caso ha sido investigado y seguido desde hace un año por Janeth Hinostroza de Teleamazonas, una de las mejores reporteras de la televisión nacional. La causa está a punto de prescribir por las maniobras dilatorias de los “defensores de oficio”, que en la universidad solo aprendieron a defender a sus clientes de esta manera. La pandilla está dirigida por un colombiano, que ya estuvo detenido por la misma razón, que planificó este secuestro desde la cárcel y salió libre poco antes de cometer este crimen. No hace falta xenofobia para saber que el ingreso indiscriminado de extranjeros a nuestro país ha favorecido el establecimiento del crimen organizado, que ya opera eficientemente en nuestro suelo.
Pese a sus limitaciones de recursos, nuestra Policía tiene unidades bien entrenadas, muy profesionales y éticas, como la Unase, el GIR y el GOE. No se trata solamente de dotarles de armas y equipos; se trata de devolver a los policías ecuatorianos la dignidad y la confianza que perdieron el 30 – S, o que quizás nunca se les permitió tener. Nuestra Policía es un recurso fundamental en la lucha contra el crimen organizado que nos azota, a menos que el poder la utilice para embargar revistas, o como escudos humanos. El mayor incentivo para el crimen es la septicemia que infecta a nuestro sistema judicial, que es el Enemigo Público Número 2 de nuestros policías y de los ecuatorianos, después de la delincuencia.
Como vemos, en este caso concurren variables esenciales que sostienen la delincuencia en el Ecuador ¿Es indispensable realizar una consulta popular o un referéndum para evitar que esta pandilla salga libre e impune el 6 de marzo próximo al cumplir un año de prisión sin sentencia, y quizás asesine a la familia de Leandro, y/o siga secuestrando a nuestros hijos? ¡No es indispensable! “Solamente” se necesita que todos los funcionarios del Estado –desde el Presidente hasta el tinterillo novato y pasando por la Asamblea Nacional– cumplan con su tarea, respeten la Constitución y las leyes y las hagan cumplir. “Solamente” se requiere responsabilidad, eficiencia, honestidad y decisión. Aunque el problema de la delincuencia es multideterminado, ni la calentura está en las sábanas ni las barbas estorban cuando se quiere escribir correctamente ¿Cumplirán los jueces de lo Penal con sus obligaciones según las establecen las leyes vigentes? Lo veremos.
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