¿Son un problema?
Las Provincias, , 15-01-2011Tenemos un dicho por estos lares que nos dice «que hasta San Antón, pascuas son», y la verdad es que, ya estamos en el día a día, y nos encontramos en la rutina de cada día, esperando la aventura de cada amanecer. ‘La Chispa’, fiel a su programa, también se incorpora semanalmente para estar con vosotros y desde nuestra modestia, encender la chispa que nos pueda ayudar a llevar con ilusión y esperanza las tareas de cada jornada.
Este fin de semana celebramos a nivel mundial en toda la iglesia la Jornada Mundial del Emigrante Refugiado. Es una jornada para reflexionar, orar y trabajar para que todos nos abramos a la acogida cristiana y crezca en el mundo la justicia y la caridad, columnas para la construcción de una paz auténtica y duradera. (Benedicto XVI)
El maestro sentenció: «debéis ser como la lluvia cuando tan generosamente cae de las nubes. A nosotros nos parece que es un dispendio. Sin embargo, con su abundancia, empapa la tierra, la cubre de verde y de flores, y la que sobra se infiltra aún más abajo para crear corrientes subterráneas. O incluso, fijaros en el torrente, aun cuando un poco de agua saciara la sed del peregrino, se da todo entero. Y aún más: vosotros sois como el agua, si no corre se estanca y se corrompe». Donde está la acogida se asientan las bases del diálogo entre las diversas culturas. Pero para que haya diálogo ha de haber disposición de dos partes como lo indica el término griego diá: dos y logos: palabra. En este caso la acogida no pasa por la renuncia de nuestros valores en pos de los que vienen. Para que haya acogida tenemos que tener muy claro quiénes somos, de dónde procedemos y qué queremos llegar a conseguir. Todos coincidimos cuando afirmamos que deseamos un mundo justo, de paz, tolerancia y solidaridad entre los que formamos la sociedad y, claramente, sólo se puede conseguir con el diálogo y el respeto que son valores exigibles para ambas partes.
De la mano de San Juan el Bautista nos acercamos a Jesús, le conocemos más y mejor; siempre es necesaria una presentación. Él es quien nos abre los ojos, apunta con su dedo y nos dice: «Éste y no otro es el Hijo de Dios, ¡Seguidlo!».
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