«¿Por qué convertirlo en tema político?»

Partidarios y detractores de la teoría de la conspiración homenajean a la congresista

El Mundo, , 10-01-2011

CHRIS MCGREAL / Tucson
The Guardian / EL MUNDO
PaulWellman dejó una nota escrita
amano entre la colección de velas,
flores ymensajes a las puertas de la
oficina de la congresista Gabrielle
Giffords. Luego dio un paso atrás y
observó la escena. A la derecha,
uno de los carteles rezaba: «Discurso
del odio=asesinato».
PeroWellman había idomás lejos
con su enfurecida declaración impresa
en letras blancas y negras:
«Culpa a Palin. Culpa al Tea Party».
El antiguo minero en la sesentena
se explicaba después: «Están tratando
de decir que el responsable fue
un loco solitario, pero Sarah Palin y
el Tea Party podrían haberle puesto
la pistola en su mano. Ellos fueron
los que pintaron a Giffords como
una especie de traidora. Además. el
loco no estaba solo. La policía busca
un cómplice. Esto es una conspiración
», dijo.
Detrás, una pequeña mujer pertrechada
de una cámara le tomó el
relevo al marcharse. «Hay muchos
como éste», señalaba cogiendo la
nota. «Está mal hecho. ¿Por qué
convertirlo en una cuestión política?
». Luego se llevó el cartel para tirarlo.
Otro de ellos también desapareció.
Rezaba: «Los republicanos
son asesinos y antiamericanos».
La furia popular por el tiroteo se
dirigió ayer contra diferentes objetivos.
Algunos consideran al asesino
un perturbado que actuó solo.
Pero el padre de Giffords fue el primero
en apuntar hacia otro lado.
Mientras corría al hospital donde
estba internada su hija, Spencer
Giffords, de 75 años, respondía aceleradamente
a la pregunta de si ella
tenía enemigos. Sollozando respondió:
«Sí, todo el Tea Party». Entretanto,
otros intentaban poner paz.
Natalie Kujawa, una demócrata
que votó aGiffords insistía en la teoría
del suceso aislado mientras depositaba
flores en el lugar de homenaje
a la congresista. «Hay unmontón
de gente enfadada y no creo que
nos haga ningún bien», inistía. Junto
a ella, se veía escrito en un papel:
«No hagamos política de esto. Republicanos
y demócratas deploran este
tipo de odio y violencia». Un niño
de nueve años, Sammy, testigo de la
muerte de una chica de su edad en
el mismo tiroteo lo veía de forma
más sencilla: «Es muy triste que alguien
dispare a otro».

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