Una congresista con 'ángel de la guarda'

El hispano Daniel Hernández evitó que Gabrielle Giffords se ahogara en su sangre

El Mundo, , 10-01-2011

Los médicos se mantienen «cautamente optimistas» sobre las posibilidades de recuperación de la congresista que sobrevivió al tiroteo que causó seis muertos y 12 heridas en las puertas de un supermercado de Tucson.

Daniel Hernández desafió al pánico desencadenado por el tiroteo, fue tomando el pulso a las víctimas abatidas en el suelo y llegó hasta la congresista malherida. Comprobó que estaba viva y puso la cabeza sobre su regazo para evitar que se ahogara con su propia sangre. «Cógeme de la mano para saber que estás bien», le pidió Hernández a Giffords, que cumplió a duras penas las instrucciones. La congresista, incapaz de hablar, tendió la mano como si fuera su último hilo de vida.

Mientras llegaba la ambulancia, Hernández aplicó presión sobre el orificio de entrada de la bala. Los dependientes de la carnicería del supermercado Safeway le pasaron varios delantales blancos que utilizó como vendas y quedaron empapados de sangre.

«Asegúrate de que ayudas a Gabby, quédate con ella», le dijo Ron Barber, director del equipo de asesores de la política, malherido a pocos metros. Desde ese momento, Hernández decidió «bloquear sus emociones» y volcarse en su misión: salvar a Giffords.

No se despegó de la congresista hasta que llegaron los paramédicos y volvió a darle instintivamente la mano en cuanto la depositaron en la camilla. Una vez en la ambulancia, el joven recordó incluso cómo la demócrata llegó a deslizar su mano por su espalda en señal de agradecimiento.

Giffords se mantuvo consciente, con la cabeza vendada y la respiración asistida, aunque era incapaz de hablar cuando ingresó en el Centro Médico de la Universidad de Arizona. Varias televisiones daban por muerta a la congresista a esas horas, aunque Hernández sabía en lo más íntimo que la batalla no estaba todavía perdida. «Yo sabía que estaba viva y luchando. Es una luchadora nata, ya sea por su vida o defendiendo a la gente del sur de Arizona», dijo.

El becario se sumó a la vigilia en el hospital, relatando como si tal cosa su proeza al Arizona Republic, el diario local que adelantó su historia. Las cadenas de televisión, con la ABC a la cabeza, se lo rifaron ayer como el héroe insospechado de la batalla de Arizona que ha conmocionado a EEUU.

«La rapidez con la que actuó Hernández salvó probablemente la vida a Giffords», certificó ayer el doctor y congresista local Matt Heinz, incorporado al equipo que atiende a la superviviente.

«Giffords es capaz de comunicarse con sus médicos y de cumplir órdenes simples», declaró ayer el neurocirujano Michael Lemole, que intervino en la operación. «Soy cautelosamente optimista sobre su recuperación», agregó.

«La paciente está sedada», certificó por su parte el director de la unidad de traumatología, Michael Lemole: «Aunque estamos suprimiendo la dosis cada cierto tiempo para comprobar si se producen progresos». La bala atravesó el cráneo de la mujer, entró por el hemisferio izquierdo del cerebro y salió sin afectar aparentemente al hemisferio derecho, pero causando un daño severo a su paso.

El doctor Lemole aseguró que es pronto para determinar qué partes del cerebro se han visto afectadas y hasta qué punto Giffords quedará impedida por la herida.

En la sala de espera del hospital, incapaz de conciliar el sueño durante toda la noche y sumándose al desfile de vecinos de Tucson que acudieron a dar su apoyo a la congresista, el becario Hernández intentaba desviar la atención sobre la auténtica protagonista. «Giffords ha sido una de las personas que más me han inspirado en la vida, por eso decidí trabajar para ella», aseguraba a la ABC.

«Cuando escuché los disparos, mi reacción instintiva fue ir hacia ella para asegurarme de que estaba bien», añadió.

Hernández admitió que su «limitada experiencia» en auxilios primarios le sirvió para guiar las acciones que pudieron salvar la vida de Giffords en los momentos críticos. «Sabía que había que levantarle la cabeza para evitar que pudiera ahogarse con la sangre», admitió. «Veía que estaba consciente y el hecho de poder dar la mano era una buena señal», contó.

El becario hispano agradeció la asistencia de los empleados de Safeway, que le ayudaron a contener la hemorragia mientras llegaban los paramédicos. Hernández recordó también cómo llegó a escuchar la noticia de la supuesta muerte de Giffords en la radio pública, mientras esperaba en el hospital nuevas noticias sobre su jefa.

Ocho horas después del tiroteo en el supermercado, donde la congresista participaba en un acto político, los familiares y amigos de Giffords se fundieron en un abrazo con él en cuanto supieron la historia. «Por supuesto que estaba asustado», admitió el estudiante, «pero en esas situaciones intentas hacer todo lo que puedes».

Giffords recibió ayer el particular homenaje de sus compañeros universitarios en Tucson, donde es conocido como miembro activo de la Comisión para Asuntos de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transexuales. «La congresista había sido una gran aliada de nuestra comunidad», llegó a reconocer Daniel Hernández, convertido en el improbable héroe de Arizona.

OORBYT.es

>Análisis de Carlos Fresneda sobre la actuación del becario Hernández tras el tiroteo en Tucson.

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