deudas a los bancos y cargas familiares
El 57% de quienes perdieron su empleo en 2010 era mayor de 45 años
eL PARO SÓLO SE REDUCE EN EL ÚLTIMO AÑO ENTRE LOS VARONES MENORES DE 30 AÑOS
El 25% de los desocupados tiene entre 35 y 45 años, con deudas elevadas a los bancos y cargas familiares
Diario de Noticias, , 02-01-2011Pamplona. El 57% de quienes perdieron su empleo durante 2010 tenía más de 45 años. 1.832 personas de un total de 3.214 en un ejercicio que, lejos de apuntalar la recuperación, ha profundizado el deterioro del mercado de trabajo y la destrucción de un tejido productivo incapaz de absorber a la mano de obra desocupada, que el pasado mes de noviembre llegaba a 42.463 personas. Los trabajadores más veteranos, en general mejor retribuidos y con trabajos en teoría más estables, han acusado en los últimos meses con mayor crudeza los efectos de la falta de la actividad, así como, según algunos indicios, las mayores facilidades para despedir.
Porque la crisis, que dura ya tres años, muta en sus formas y en sus consecuencias, golpeando primero a los hombres a y a los más jóvenes y asediando más tarde a las mujeres y a los más veteranos. Y sin olvidarse de ningún sector: entre la construcción y la industria se han destruido 18.000 empleos en tres años (3.400 en los últimos meses). Una hemorragia que, en el último año, sólo se ha contenido entre los varones menores de 30 años: entre este colectivo hay 139 parados menos que hace un año.
Los datos del último año apuntan asimismo en una dirección llamativa: las empresas han comenzado a sustituir a trabajadores veteranos por otros más jóvenes y peor pagados, en busca de una reducción de costes estructural. Entre los trabajadores con más de 50 años, el paro ha crecido en el último año más de un 13%, muy por encima de la media general (8,2%) y cuadruplicando el incremento registrado entre los menores de 30 años, que apenas supera el 3%. Se traslada por tanto un problema que, en cualquier caso, afecta a todos los colectivos.
las edades No se escapa nadie. Begoña Pérez Eransus, profesora de la UPNA especializada en sistemas y políticas de protección social, destaca uno de los elementos más preocupantes de la realidad del desempleo. “En esta crisis, a diferencia de lo sucedido en otras anteriores, el paro de la persona principal, la que aporta la mayor parte de los ingresos al hogar, ha crecido mucho. Si en la crisis del 93 y 94 hablábamos de que el 50% eran parados principales hoy rondamos el 90%”. La consecuencia es clara: conforme se agotan las prestaciones, crece el número de hogares en los que no entra ni pensión ni sueldo. Hoy, el 6,3% de los hogares navarros con al menos una persona activa, tiene a todos sus miembros en paro. Antes de la crisis, el porcentaje no llega al 1%.
Porque en los casi tres lustros que separan las dos crisis – conviene recordar que en 1994 el paro superaba el 22% en España – la sociedad se ha transformado de modo nítido no sólo en sus estructuras económicas, sino también en otros aspectos. “La familia sigue amortiguando los efectos del paro, pero hoy hay más separaciones, más hogares monoparentales que hace 15 años. Y eso se nota”. Junto a ello, el incremento de la población inmigrante (del 0,7%% al 10,6% de los afiliados a la Seguridad Social) en apenas doce años y el aumento de la población que decide vivir sola multiplican el número de hogares que pierde a su principal fuente de ingresos. “Lo hemos visto también entre los más jóvenes. Aunque la edad de emancipación es tardía, en los últimos años previos a la crisis mucha gente de unos 30 años se había independizado y adquirido una vivienda. Hoy algunos han perdido el trabajo y también lo pasan mal”.
Manuel Rodríguez, responsable de área de Empleo de CCOO, apuntaba hace unos días a un colectivo del que pocos hablan, pero que agrupa a más de un 25% de los desocupados totales. Es el de aquellas personas de entre 35 y 45 años (unas 11.300) que se encuentra sin empleo y que, en líneas generales, tiene contraídas deudas importantes con los bancos y cargas familiares considerables. “Están pagando el piso y sus hijos son todavía menores”, resume Rodríguez, que señala a este grupo de edad como uno de los que peor lo está pasando. El paro les ha golpeado asimismo algo más que a la media: si el crecimiento general en los últimos tres años es del 103% (el doble) en su caso roza el 130%. Y sigue creciendo un 8%, incluso más entre las mujeres, durante el último año. “En muchos de estos hogares vemos que se están terminando las prestaciones o la renta básica, que no da para todos, por lo que al final se dan casos de privación. Gente que llega a pasar hambre”, explica la profesora Pérez Eransus.
“No hay un único colectivo de personas que tiene un hogar a su cargo”, continúa Pérez Eransus, que se acuerda también de la población inmigrante, cuyo empleo masculino se ubicaba hace sólo tres o cuatro años en el sector constructor, que ha perdido en tres años los casi 10.000 empleos que generó en los siete años anteriores. “Y muchas de las mujeres, que están trabajando por ejemplo en labores del hogar – en muchas ocasiones como empleo encubierto – , también pueden perder sus ingresos”, explica la profesora que defiende la teoría de que, con la crisis, también se resiente la economía sumergida. “Algunos dicen que aumenta, pero yo creo que no. En los años de bonanza, cuando hay dinero, se hacen chapuzas y se paga en negro. Hoy la gente no tiene dinero y se quita de esos gastos, también de la persona que acude a cuidar a la abuela o a limpiar la casa”.
la formación El paro puede analizarse desde diversos ángulos. La edad y el sexo son dos de los más habituales, pero factores como el grado de formación o su distribución goegráfica resultan también significativos. Y si la crisis ha igualado el paro entre mujeres y hombres, también ha mostrado que la formación sigue siendo un elemento de valor a la hora de conservar el empleo. “El paro – dice Pérez Eransus – resulta mucho mayor entre los trabajadores con menor cualificación”.
Los datos de paro registrado, que permiten realizar un análisis especialmente detallado en este sentido, lo confirman. Hoy, el 62% de los parados no obtuvo ningún título después de cumplir 14 años. Antes de la crisis, el porcentaje resultaba cuatro puntos inferior, por lo que la destrucción de empleo no ha hecho sino profundizar en una realidad ya existente y que tiene su reflejo también en la distribución geográfica del desempleo. Las comunidades con mayor fracaso escolar son también las que poseen un mayor índice de desempleo, superior en algunos casos al 25%.
En el último año, sin embargo, el aumento ha resultado superior entre las personas con estudios universitarios: en Navarra casi un 18% frente al 8% de media. Pero no se trata sólo de empleo destruido. Muy pocos de los estudiantes que terminaron entre junio y septiembre han logrado un puesto de trabajo, por lo que figuran como nuevos parados.
por zonas El cierre de empresas y la pérdida de puestos de trabajo no ha afectado del mismo modo a todas las comarcas de Navarra. Sakana y Ribera Alta han acusado la crisis con especial crudeza. La primera ha padecido una desindustrialización reciente y traumática, seguramente por inesperada. La clausura de Gamesa en Alsasua durante el pasado invierno llevó a los titulares una realidad dolorosa. Mientras en el resto de Navarra el paro se duplicaba, allí se triplicaba. Pero algo similar ha sucedido en la Ribera, especialmente en su zona alta, con un aumento del 147% en la oficina de empleo de Lodosa y del 137% en la de Tudela. La de Aoiz, con escasa población, registra el menor aumento.
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