Buenas gentes
El Correo, , 30-12-2010Naturalmente, nosotros no hemos sido. Eso es cosa de extranjeros, negros, o rumanos, probablemente gitanos. Nosotros somos bellísimas personas, padres de familia, abuelos cariñosos, honrados trabajadores, incluso concejales de izquierdas. Vaya, que los tipos que pagaron por yacer con una menor cuyo aspecto era aún inferior a la edad de su partida de nacimiento no son culpables. Tal vez solo padecen un desarreglo cerebral: la cabeza la llevan entre las ingles.
¿Pueden imaginárselos a la puerta de esa chabola? Las manos sudorosas, la entrepierna inquieta, absolutamente impotentes como seres humanos racionales, babeando ante la imagen de un cuerpecito tierno a merced de sus pulsiones. Para vomitar todo el turrón navideño, vaya.
Claro que la menor, pensaban, era rumana, y ya se sabe, son como animales. Los que pagaron, esos no, esos son buenos vecinos, abuelotes con nietas en edad similar a la niña forzada, ya digo. Con todo, el pueblo de Arroyo de San Serván echa balones fuera y solicita de las autoridades la expulsión de los extranjeros delincuentes; no de sus vecinos. Con los violadores de infancias pueden convivir. Y el señor alcalde, cuando ha de responder por el horror de una niña prostituida en una chabola – ¿en serio no se enteró nadie? Con lo atentos que están los vecinos a la vida de sus semejantes, ¿creían que hombres adultos iban a la chabola para mantener una discusión filosófica? – , el señor alcalde, socialista según reza, alegó que tenía «problemas mayores en el pueblo»; a saber, se había pegado un tiro uno de los adultos que pagó por fornicar con la niña. ¿No le van a retirar el carné del partido y el bastón de la alcaldía?
El último artículo del año quisiera dedicarlo a esos seres, supuestamente varones, cuya ubicación neuronal está contaminada por otros fluidos corporales, dado su roce diario contra las ingles. Tipejos de toda edad e incluso ‘confesión’ ideológica – ¿de Izquierda Unida el suicida? ¡Ese tipo no ha leído a Lenin en su puñetera vida! – , buenos vecinos para otros, ‘normales’ según los cánones, que pagan por yacer con niñas, o niños, que asesinan a mujeres ‘porque son suyas’ y que convierten la vida de las señoras en un infierno.
Mientras, celebremos la Navidad, o sea natividad de un niño, contándoles a nuestros pequeños que la vida es rosa, que Cenicienta existe, junto con los príncipes; sin añadirles, por supuesto, que Barba Azul puede ser su abuelo, que un día podrían convertirse en ‘Piel de asno’ huyendo del acoso paterno. Dibujemos en rosa y oro los sueños más falsos que se nos ocurran, así podrán ser fáciles presas de toda maldad, vestida en tules de príncipe enamorado. Porque, mientras creamos ver una mirada inocente en esos pequeños para quienes vestimos el árbol navideño, seremos muy capaces de sentirnos bellísimas personas, cumplidoras y cómplices de una trama social donde se asesina a las mujeres o se fornica con las niñas.
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