La Policía busca a la niña prostituida en Badajoz para retirar la tutela a sus padres

Diario Sur, C. FOMINAYA / J. L. AROCA, 29-12-2010

El trasiego de la menor madrileña engañada por su novio rumano y prostituida durante casi más de dos meses en Arroyo de San Serván (Badajoz) no ha concluido todavía. Los servicios Sociales de la Comunidad de Madrid, en colaboración con el Grupo de Policía de Menores (Grume), «están buscando a la niña con la intención de hacerse cargo de su tutela», informó ayer la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Según la responsable del Ejecutivo regional, el 7 de diciembre los servicios sociales del Ayuntamiento de Madrid dieron la primera voz de alarma. «Se dirigieron entonces a nosotros porque entendían que la situación de la familia hacía recomendable asumir la tutela de la niña», añadió.

El 10 de diciembre se reunió la Comisión de Tutela de la Comunidad de Madrid para estudiar el informe donde el consistorio detallaba el desamparo de la chica. Los Servicios Sociales del Ayuntamiento llevaban trabajando con la chica desde abril de 2009, cuando contaba solo con 13 años. Habían detectado «comportamientos anómalos por parte de la niña y problemas con los padres». De hecho, según fuentes cercanas al caso, la pequeña se había llegado a escapar hasta 14 veces en un año.

«Se ha pedido una orden judicial, porque sin orden no se puede entrar en la casa, y estamos en contacto con el Grume porque queremos localizarla», puntualizó Aguirre. «Queremos que el grupo encuentre a la niña y podamos asumir cuanto antes su tutela», zanjó la presidenta madrileña.

A pocos clientes

Mientras tanto en Arroyo de San Serván se sigue el caso con atención. «Es que me dijeron que tenía dieciocho años». Así se excusaba ante la bronca de sus familiares, antes de quitarse la vida, uno de los vecinos que usaron los servicios sexuales de la menor.

Desde fuera lo que ha sucedido en este pueblo de 4.300 habitantes (250 de ellos rumanos) es incomprensible; que una niña española pasara tres meses inadvertida ejerciendo la prostitución, o el hecho de que un ignorado policía local, medio apartado del servicio y privado del uso de armas, protagonizara de modo individual un rescate que deja en evidencia a la Guardia Civil.

Algunos conocían en el pueblo a ‘El Nono’, apodo del joven rumano y novio de la chica, que la traía y llevaba de acá para allá. En la localidad, los rumanos ya no llaman la atención. Por eso nadie reparó en la figura de la menor, que vestida humildemente, y con pañuelo en la cabeza, parecía una inmigrante más. Solo de noche, afirman los vecinos, la vestían de forma atractiva, la montaban en un coche, y enfilaban hacia una chabola montada por los propios rumanos en el vertedero a las afueras del pueblo, donde tenía lugar la prostitución.

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