Un trabajo de chinos

El Mundo, ASTEARTEA CARLOS bacigaLUPE, 28-12-2010

LAS FIESTAS RECIÉN TRANSCURRIDAS, prólogo de las que están todavía por llegar, me han servido para constatar un par de realidades. Primera, que soy un desastre en materia organizativa, por mucho empeño que ponga en mejorarme; segunda, que hasta en los peores momentos hay alguien dispuesto a echarte una mano. Acaba de sucederme con el chino que regenta una tienda de tales, un par de calles a la izquierda de la que habito. Pueden hacerse una idea. Día de fiesta, el comercio cerrado, los bares a tope, y uno huérfano de la menor ayuda por culpa de sus negligencias. Claro que ahí estaba el chino, con su tienda abierta durante toda la jornada y a la espera de clientes como yo. O como el ilustre bioquímico de la UPV Félix Goñi, quien, a su decir, también se resentía de inadvertencias parecidas.

El chino del que cuento es cabezón y escueto en el habla, más por carácter que por carencias idiomáticas. Curra duro las horas que sea, eso sí, perennemente sentado ante el pequeño mostradorcillo desde el que informa a la clientela y procede a cobrar una vez que ésta ha realizado su compra. El muy ladino, si bien hermético en la parla, es, sin embargo, muy intuitivo a la hora de dirigirse a cualquiera en la lengua que prefiera. Por lo cual, en su vocabulario tienen sitio los egunones, eguardiones y los arratzaldeones, según note la procedencia de su interlocutor y cliente. Con su mirada oblicua observa y controla el tránsito de las gentes por los intrincados pasillos de la lonja, a cuyos lados las estanterías muestran generosas y amplias los artículos más diversos: cacharros de cocina o escritorio, flores de plástico, juguetes, componentes electrónicos, pilas, y hasta un completo surtido de vírgenes y santos made in Taiwán. Si de ellas, la Inmaculada. En cuanto a ellos, será por la crisis, San Pancracio bate todas las marcas entre los requeridos, seguido muy de lejos por San Antonio, imagen de la que se presume buena mano a la hora de encontrar cualquier nadería perdida.

Cerca de su tienda el chino tiene otra de la competencia, regida por una chica natural de nuestra tierra. Nada que ver. La moza, y está en su derecho, ha cerrado a lo largo de estas fechas como la tradición demanda. En tanto, el chino, al revés, ha sentido como propia la obligación de servir a seres como Goñi o como yo, tan alejados del mundanal ruido festivo. Y llegado el tiempo de las rebajas, cuando el comercio vizcaíno vaya a la huelga, él continuará a pie de obra.

Su filosofía oriental llevada a pie de calle le sirve a las mil maravillas para sacar adelante el negocio. Que ayuno de folios para consumo de la impresora, me acercaba en una ocasión por ver si los vendía. Le quedaban unos pocos. Así que osé preguntarle si tenía más. «No más, no más papel. No hay, pues no hay…», me contestó y definitivo. «Otro día más, vuelva», añadió luego, comprensivo y hasta algo arrepentido de su tosquedad.

Era yo un crío cuando las hermanas Elia y Paloma Fleta, hijas del imponente tenor Javier Fleta, grabaron su canción sobre un avispado chino llegado hasta nosotros con el deseo de prosperar comercialmente. Decía, más o menos: «Chino Li Wong/ chinito Li Wong/ le gusta la samba/ también el bayón/ poquito de aquí/ poquito de allá / ya tiene Li Wong/ un gran restaurant». Estamos ante un caso parecido. De continuar con semejante visión para el comercio e idéntico pulso laboral, el chino del que hablo prosperará, seguro, y hasta puede que se monte una casa de comidas semejante a la de Li Wong, de nombre, verbigracia, El alma buena de Sezuán copia perdonable de Brecht, donde los rollitos de primavera se sirvan con una salsa de txakoli, fusión de dos cocinas distintas que no antagónicas. A lo mejor Zapatero reclama sus servicios, por si es capaz de explicarle el intríngulis de esa Alianza de Civilizaciones tan comentada. En tanto llega la ocasión, el chino, que regenta su tienda un par de calles a la izquierda de la que habito, les espera eficaz, que no complaciente, en su puesto de trabajo durante doce horas diarias, domingos y festivos incluidos.

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