CARTAS DE LOS LECTORES
Mirarte a los ojos
Diario de Navarra, , 24-12-2010Cuando casi a diario te veo en la puerta del supermercado, pobre de solemnidad, venido/a de la tierra de dios sabe dónde, ya no me atrevo a mirarte a los ojos. No es que te ignore como persona, sé que estás ahí porque sin querer mirarte, te veo, oigo tu voz lastimera y quejumbrosa, suplicando nuestra ayuda, pero no te miro. Siento pudor ante tu orgullo herido o vergüenza de pasar ante tí exhibiendo los alimentos adquiridos, O las dos cosas.
No se trata de dar o no dar, no se trata de si vas por libre o de si perteneces a una mafia organizada. Es otra historia, que tiene que ver con la dignidad del ser humano y esas cosas. O con la deshumanización que imperceptiblemente, de manera subliminal casi, se va adueñando de nosotros. Nos estamos acostumbrando a verte ahí, tirado/a en el suelo, casi como un perro, y esa “costumbre” hace que te veamos como un elemento más del paisaje, como la bicicleta encadenada al árbol o el contenedor que tienes enfrente.
Cuando cuatro millones de parados en nuestro país, seguramente van a pasar una de las navidades más tristes de su vida, no me atrevo a mirarte a los ojos, a tí, padre o madre de familia, que aguantas el frío de la cola de la oficina de empleo entre el desaliento y la desesperación . Y tampoco a tí, desempleado que en febrero dejarás de percibir el único subsidio que entra en tu casa. Y lo mismo te digo mi ¡pobre jubilado/a! a quien todo va subiendo a su alrededor desde que congelaron su raquítica pensión.
¿Y cómo mirarte a tí ?.. inmigrante blanco, negro, amarillo o lo que seas. ¿Con que cara puedo mirarte a los ojos? A tí, que vas a pasar estas fiestas sólo/a, A tí, que no has podido volver a casa por navidad y que degustarás el amargo sabor de las lágrimas mientras otros cantamos villancicos. A tí que te faltan sueños y papeles y te sobran miedo, angustia y desconfianza.
Y no me atrevo a mirarte a los ojos a ti, Rosa, porque si lo hago podría descubrir el moratón que tratas de ocultar bajo tus enormes gafas de sol, cuando está lloviendo. Pretendiendo excusar lo inexcusable, estás jugando a la ruleta rusa con esa mala bestia que tienes al lado y a la que más pronto que tarde tendrás que darle puerta.
¿Y los niños? Son lo más sagrado que tenemos. Aun así, la pobreza lleva a que en el mundo en que vivimos, cien millones de ellos sean explotados sexualmente. Y cada año que pasa, un millón más ingresa en el circuito, sin que nadie ponga fin a esta espiral de locura, infamia y depravación. Como yo tampoco hago nada para salvar a estas criaturas de ese destino tan atroz, en Navidad, no me atrevo a mirarte a los ojos: Niño Jesús.
CARMEN OLORÓN
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