sucesos

Una pareja de Abanto sufre un secuestro exprés

Dos encapuchados amordazaron y retuvieron a punta de pistola a un matrimonio en su domicilio

Deia, emilio zunzunegi, 18-12-2010

abanto. Guadalupe M.M. de 54 años y su marido Francisco F.M., de 59, aún tienen el miedo en el cuerpo, después de que el pasado jueves día 2 sufrieran la violencia de un secuestro exprés a manos de dos hombres que les mantuvieron cautivos, a punta de pistola y de un cuchillo de grandes dimensiones, en su propio domicilio de Gallarta (Abanto), durante casi tres cuartos de hora.

“Los asaltantes no pararon hasta que les entregaron los números de la tarjeta de crédito de Paco, tras lo cual se fueron”, recuerda Ramón Collado, el vecino de este matrimonio de Gallarta que habría abandonado momentáneamente su domicilio conyugal para irse a vivir con uno de sus hijos a otra localidad de Meatzaldea.

“Ella no paraba de llorar”, resalta Ramón, quien ese día al abrir la puerta de su domicilio, colindante a la de los asaltados, se encontró de bruces a Guadalupe con la boca tapada con una cinta adhesiva gris con la que también la habían maniatado “con las manos por delante, seguro que para que pudiera abrir los lugares que a ellos les pudo interesar; ello le permitió coger un segundo par de llaves que tenía y abrir la puerta, ya que les habían encerrado por fuera”.

Tras auxiliar a la mujer, Ramón hizo lo propio con su vecino Paco al que los secuestradores habían maniatado con las manos atrás y al que habían mantenido a raya situando el cuchillo en su abdomen mientras que a su mujer le llegaron a colocar la pistola en la sien. “Eran poco más de las 08.15 horas”, recuerda este vecino, mientras su mirada se fija en la pegatina de alarma que anuncia la protección que han adaptado sus vecinos tras el suceso.

a las 07.30 horas Era la feliz resolución de un rocambolesco asalto que se iniciaba la las 07.30 horas cuando Francisco, un conocido industrial propietario de una almacén de maderas de Trapagaran, abría la puerta de su domicilio para ir a trabajar.

No pudo. Dos hombres encapuchados se habían guarecido junto a los armarios de los contadores de la luz y, al intentar salir, le empujaron hacía el interior de la vivienda cerrando la puerta tras de sí con un estruendo que alteró a su vecino Ramón. “Estaba a punto de darme una ducha y al oír el golpe fui a la puerta y la abrí, pero en el rellano no había nadie, así que me volví al interior, ya que, aunque oí alguna voz, pensé que era el matrimonio y no le di importancia”.

Según el relato de los afectados a su auxiliador, los asaltantes, a los que esperaba un tercer cómplice aparcado frente al portal en una furgoneta blanca, se expresaban en “correcto castellano” y además de la tarjeta de crédito se hicieron con algo más de 800 euros en metálico y algunas joyas.

“Me comentaron que en el tiempo que estuvieron con ellos les llegaron a decir que no eran los colombianos que les robaron hace unos tres años en el pabellón. Somos otros”, apunta Ramón, quien, al igual que el resto de la comunidad, ha decidido aumentar las medidas de seguridad del edificio.

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