La literatura india busca su mirada

Público, 13-12-2010

La narrativa de los jóvenes escritores indios – y angloindios, aquellos nacidos en EEUU o Inglaterra, hijos de inmigrantes – se ha convertido en el reflejo más fiel de esta situación extrema. Los autores, que cada vez se traducen más al español, como muestra la reciente llegada de títulos a las librerías españolas – la mayoría de ellos están escritos en inglés – , se mueven de forma esquizofrénica entre la defensa de valores tradicionales y los occidentales.

(Canterbury, Reino Unido, 1971) parte de esta tradición literaria para hablar de un mundo donde todo – incluso el amor – se ha subyugado al egoísmo capitalista.

Una escritora que también critica las rigideces de la familia tradicional es Anuradha Roy (Madrás, 1977). En su novela Atlas de una añoranza imposible (Salamandra) habla de mujeres encerradas, hombres que huyen, parejas infelices y amores imposibles. “La familia enjaula a la mujer”, dictamina. Y ahonda en los matrimonios de conveniencia cuando describe la “reclusión doméstica que sufren las mujeres y la impotencia a la hora de tomar decisiones”. Una crítica, que por otra parte, no la paró para convertir a la familia en el eje de su novela.

Para ella, como describe en Lecciones de olvido, el boom económico ha propiciado una liberación de la mujer, aunque, de momento sólo sea en la clase alta. “Sí, ahora existe un tipo de mujer urbana que tiene una educación y una sofisticación. Y que busca su propia vida. Pero está claro que en los ambientes rurales, la situación de las mujeres es todavía muy diferente”, afirma Nair.

Desde fuera del país del Taj Mahal, los escritores angloindios, a pesar de esa “mirada nostálgica” que denuncia Nair, sí tienen una visión muy certera del interés por hallar su identidad, como recogen las novelas Mapa de los lugares sin nombre – es curioso que bastantes obras tengan los sustantivos mapa o atlas en sus títulos – , de Tania James o Los buscadores de placer (Mondadori) de Tishani Doshi (hija de indio y galesa). Precisamente, según relató hace unos meses esta autora a Público, la distancia kilométrica con la familia materna le “sirvió para entender a Occidente”, y a su país.

La India está esquizofrénica y su literatura también. Pero, al menos, el interés de los escritores es claro: “Es un país que ya no responde a la imagen romántica que tenemos en mente. Y es natural que se den estos contrastes”, dice Nair. La vaca ya no es tan sagrada.

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