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Tras el documento falso

w Los cuerpos de policía que operan en Bizkaia se ponen al día para combatir las nuevas falsificaciones de DNI y pasaporte w Crece la demanda de cursos para poder detectar a pie de calle este tipo de delitos

Deia, Shaila P. Rodríguez, 12-12-2010

Bilbao. Las nuevas tecnologías están revolucionando el día a día; desde la telefonía móvil a las compras por internet, prácticamente no hay ámbito que no haya sufrido un asombroso avance. Ni siquiera las falsificaciones se han librado de ello; las nuevas tecnologías permiten realizar copias mucho más precisas de los documentos de identidad. Los delincuentes ya lo han descubierto y también los cuerpos de seguridad. Las policías vizcainas se han puesto al día y actualizan sus conocimientos de forma permanente para poder hacer frente a estos delitos.

“Si ellos avanzan, nosotros también tenemos que avanzar. Sobre todo en el ámbito de la documentación”, explica un funcionario del Cuerpo Nacional de la Policía Nacional, destinado en la aduana del aeropuerto de Barajas, donde el Sindicato Unificado de Policía en el País Vasco (SUP) ha realizado su último curso en esta materia. Se trata de programas “muy demandados por la Ertzaintza y la Policía Municipal, ya que es de aplicación directa en la calle. Los agentes salen con el criterio necesario para su trabajo del día a día”, explica este policía, que impartió el cursillo.

Su objetivo es dar a conocer el mayor número posible de documentos que hay en el mundo y, para ello, los agentes son asesorados mediante documentos auténticos y falsificados, para aprender a distinguirlos. “Al principio se les enseña cómo detectar una falsificación cuando están en la calle, que es donde realmente se necesitan estos conocimientos. Son pequeños trucos: qué tienen que mirar, en qué se deben fijar, qué medidas de seguridad son efectivas, cuáles intentan alterar los falsificadores…”, matiza.

A pie de calle, un agente puede identificar con relativa facilidad un DNI, un pasaporte francés o británicos, pero las cosas se complican a la hora de discernir si un carné noruego, canadiense, coreano o hindú es verdadero o no. Entonces surgen los problemas. Muchos agentes no saben identificar los pasaportes y documentos de todos los países que encuentran en su labor diaria. Según el Sindicato Unificado de Policía, en la mayoría de los cuerpos de policía la formación a este respecto no es tan extensa ni tan completa como los propios agente querrían.

“La normativa de extranjería cambia constantemente, y se modifican las tarjetas de residencia y los pasaportes. Los agentes de extranjería están informados, pero la información no llega a los agentes que están en la calle o lo hace de manera muy tardía”, confirman los agente.

Por todo ello, la mayoría de los agentes, independientemente del cuerpo al que pertenezcan, creen imprescindible recibir una mayor formación en este ámbito. “Este tipo de cursillos resultan del todo imprescindibles para aquellos policías que prestan servicio al ciudadano de a pie”, aseguran desde el sindicato. Las identificaciones multitudinarias son las que requieren una mayor destreza y rapidez, una pericia que los agentes adquieren con la experiencia. “Los compañeros especializados que trabajan en el aeropuerto son capaces de identificar un billete falso por el sonido al caer al suelo y una tarjeta de crédito solo por el color”, aclara el miembro del SUP. “En la policía hay de todo, pero en general los agentes están suficientemente formados y especializados en la detección de documentación falsa, por lo menos los compañeros que acuden a cursos de formación”, explica el agente madrileño.

Elementos de seguridad Saber dónde mirar y en qué fijarse son las claves para descubrir un documento falso. Ya sea un pasaporte, un DNI, una tarjeta de residencia o una carta de identificación, cada uno de estos documentos identificativos posee una serie de elementos de seguridad que impiden a los delincuentes clonarlos y emplearlos con fines ilícitos.

Aun así, las falsificaciones están a la orden del día: las utilizan las mafias para introducir a personas extranjeras en el país de forma ilegal, exigiendo unos precios desorbitados a los inmigrantes que desean entrar en España. Las cantidades exigidas por las mafias son de vértigo, “pueden llegar a cobrar hasta 6.000 dólares por un pasaporte japonés y 4.000 por uno español”, añade el policía. Pero muchos delincuentes utilizan una identidad distinta a la propia para cometer sus fechorías, “de manera que no se les puede localizar y quedan exentos”, explican los agentes.

Los 40 inmigrantes que intentaron en 2009 vivir en los centros de acogida de la Diputación Foral de Bizkaia haciéndose pasar por menores mediante documentación falsa, un joven que trató de comprar varios ordenadores portátiles bajo una identidad engañosa y tres detenidos por falsear tarjetas de residencia para contratar teléfonos móviles de lujo son algunos de los ejemplos más cercanos. Las falsificaciones están a pie de calle, por lo que pueden localizarse en cualquier control rutinario, “no se limitan a los puestos fronterizos como Barajas, la Junquera o Hendaia”, puntualizan desde el SUP.

Los delincuentes se han puesto al día y se han especializado en lograr la falsificación perfecta; aquella que sea lo más parecida posible, si no idéntica, al original. Sin embargo, los documentos también se modernizan y son cada día más difíciles de falsificar. Un documento público de identificación posee numerosas medidas de seguridad; algunas se advierten a simple vista, otras requieren del empleo del tacto y otras no se aprecian si no es con medios técnicos como el cuentahilos, una lupa de pequeñas dimensiones para examinar el detalle más fino de los originales, o la lámpara con luz ultravioleta, que resalta la llamada tinta uvi para comprobar la autenticidad de los documentos. “Es una medida de seguridad difícil de falsificar y que el resultado quede bien porque debe ser muy nítido. Además, la mezcla de papel que se utiliza debe ser muy concreta”, explican los expertos.

La tinta, la luz ultravioleta o los hologramas son aspectos en los que los agentes se fijan para comprobar si un documento es auténtico. Sin embargo, también hay otra serie de falsificaciones más técnicas que requieren unos medios más técnicos.

Sin lugar a duda, el dato más importante que da la pista a la policía es el hecho de que esté o no manipulado. “Hay que ir paso a paso, pero el rasgo más importante es que el documento no esté manipulado, es lo primero que tienes que ver”, advierten. En caso de que se detecte que haya podido sufrir alguna modificación, se incrementan las sospechas.

Hurto de estado civil Como las falsificaciones son cada día más difíciles de perfeccionar, ahora las mafias también optan por hurtar el estado civil, es decir, “se hacen con pasaportes originales y buscan a una persona que se parezca al propietario y se lo prestan para cruzar la frontera”, explica el especialista del puesto fronterizo.

Esta táctica es utilizada especialmente por ciudadanos orientales, en su mayoría chinos que emplean pasaportes robados a turistas japoneses “por la similitud de sus rasgos”, añade el agente. “Nosotros siempre vamos a la zaga o, por lo menos, no llevamos la ventaja que nos gustaría respecto a los delincuentes”, asegura el miembro del SUP.

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