Batalla en la ciudad de Langenthal por un alminar cuya construcción fue aprobada antes de la prohibición
El último minarete suizo
La Vanguardia, , 28-11-2010GEMMA SAURA – Langenthal. Enviada especial
Los musulmanes y el comité Stopp Minarett están dispuestos a llegar al Tribunal Federal
El quinto y último alminar de Suiza aún no existe, y si por Daniel Zingg fuera, nunca existiría. “El minarete es un símbolo de la opresión que sufren millones de personas en el mundo entero bajo el islam. El pueblo suizo no lo quiere. ¡Tampoco en Langenthal!”, dice el portavoz del comité Stopp Minarett.
Ha pasado un año desde la prohibición de los alminares en Suiza, pero la batalla legal sigue abierta en esta ciudad de 15.000 habitantes entre Zurich y Berna. El motivo: un minarete con permiso de construcción antes del referéndum y que sus adversarios han llevado ante la justicia. El tribunal cantonal debe pronunciarse en el 2011. Ambas partes están dispuestas a llegar hasta el Tribunal Federal.
De momento, el objeto de polémica es un palo de madera de 6,90 metros sobre un edificio destartalado de la zona industrial que sirve de mezquita a los 750 musulmanes de la ciudad, la mayoría albaneses de Macedonia. “En Yugoslavia había mucha persecución por religión. Vinimos a Suiza, un país que se llama democrático, ynos encontramos con que somos ciudadanos de segunda por el mismo motivo”, dice Mutalip Karaademi, portavoz de la comunidad.
La idea del alminar, explica, surgió con la construcción de un templo sij. “Si los sijs, que son unos 700 en toda Suiza, pueden, ¿por qué no nosotros, que sólo en Langenthal y alrededores somos 1.500?”, se pregunta.
En un hotel a dos calles de la mezquita, el comité antiminaretes presentó hace unos días la maqueta de una escultura “en homenaje a la persecución de los no musulmanes en el mundo islámico”. El Ayuntamiento ha rechazado la petición.
“No necesitamos más provocaciones – dice el alcalde, Thomas Rufener, del ala más moderada del Partido Popular Suizo-.Este monumento no aporta ninguna solución, sólo serviría para que más gente viniera a Langenthal”. Rufener está harto de todos: de periodistas y de manifestantes de ambos bandos que celebran aquí sus actos.
“Algunos ciudadanos me preguntan a veces si no sería más fácil que los musulmanes retiraran el proyecto. Sinceramente, no creo que puedan. Ya no es sólo un asunto de Langenthal, sino de Suiza, incluso de Europa. Por eso está usted aquí, ¿no?”.
Efectivamente. Puede incluso significar el fin de la prohibición de los alminares. Porque si el Tribunal Federal de Lausana falla en contra, la última palabra la tendrá el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. “Y está claro que Estrasburgo rechazará la prohibición – afirma Daniel Kettiger, abogado de los musulmanes-.De cualquier forma, ya sea en Estrasburgo o Lausana, Langenthal acabará teniendo un minarete. Y entonces el problema lo tendrán quienes prometieron a sus votantes que con un referéndum nunca más se construiría uno en Suiza”.
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