29 indigentes reabren el albergue de Mazarredo

El Correo, SOLANGE VÁZQUEZ, 27-11-2010

La maniobra parece fruto de un alarde de sincronización: los termómetros han bajado repentinamente a la par que se subía la persiana del albergue para indigentes de Mazarredo, que en la noche del jueves, la más fría de lo que llevamos de otoño, puso en marcha su dispositivo invernal. Las instalaciones, que cuentan con medio centenar de plazas – la cifra puede duplicarse en caso de urgencia – , permanecerán abiertas hasta mediados abril, cuando las temperaturas se suavicen y den una tregua a los ‘sin techo’. Según avanzó ayer el concejal de Acción Social, Ricardo Barkala, en la primera noche la temporada, 29 usuarios, tres de ellos mujeres, recurrieron al equipamiento para dormir a cubierto, «una cifra similar a la del año pasado».

La apertura del servicio «se realizó sin incidentes» y de forma ordenada, ya que todos los indigentes que han acudido al centro forman parte del censo municipal de personas sin hogar que normalmente pernoctan en las calles de la villa, en el que hay 205 inscritos que tienen contacto con los educadores sociales del área. De este modo, se evita la llegada de ‘espontáneos’ que sólo quieren ahorrarse el alquiler durante unos meses ocupando una plaza que se precisa para cubrir necesidades reales y también un flujo incontrolado de ‘sin techo’ habituales de otros municipios o incluso otras comunidades.

Colectivos «migratorios»

«Para estos días esperamos a más gente, porque en su círculo funciona mucho el boca a boca», señaló el edil, quien estimó que la oferta del albergue y los comedores sociales de la ciudad, «recursos usados por los que están más fastidiados, es adecuada». Sin embargo, sigue habiendo grupos que prefieren refugiarse en casas y solares abandonados y que escapan al control municipal, «aunque son colectivos muy migratorios que nunca permanecen mucho en Bilbao».

El año pasado, cerca de 300 personas durmieron en el albergue de Mazarredo, donde los miércoles se adjudican las plazas por semanas, aunque cada noche se reservan cinco para posibles emergencias. El 70% de los usuarios son extranjeros, sobre todo jóvenes magrebíes. Este recurso está concebido no solo para aliviar las penurias inmediatas de los indigentes, sino también como «plataforma» para que accedan a una vida más ordenada. Una pretensión que el año pasado dio sus frutos: uno de cada tres usuarios pasó a alojamientos más estables al terminar el invierno.

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