hoy, día contra la violencia de género

Cien menores acogidos en centros de mujeres reciben atención como víctimas del maltrato

el apoyo terapéutico y educativo busca evitar que los menores repitan pautas de agresividad

Xilema, gestora de los tres recursos públicos, alerta de que el 72% de usuarias está en paro y de que sube el riesgo de exclusión social

Diario de Noticias, ana ibarra, 25-11-2010

pamplona. Son las víctimas invisibles de la violencia de género aunque no expresen con llanto o con palabras, muchos no hablan, su sufrimiento, un “dolor” que, según los expertos que trabajan con ellos, es “tremendo” y reaparece si no explota. Las secuelas son palpables. Hablan de muchas maneras, a través de las rabietas, con agresiones a sus iguales, con dificultades para aprender, somatizando dolores ante el Pediatra… Es su forma de manifestar su malestar. Más de un centenar de menores, que acompañaban a 81 mujeres maltratadas, han pasado por los recursos de acogida a víctimas de violencia de género dependientes del Gobierno foral durante los diez primeros meses del año. Niños a los que se ayuda a superar situaciones traumáticas para que no reproduzcan las situaciones vividas, admiten los profesionales que la atienden.

El 76% de las mujeres atendidas en los tres centros de atención que gestiona Xilema tienen menores a su cargo (un 75% el año pasado). El año pasado fueron atendidos en el centro de urgencias un total de 93 menores de edades comprendidas entre los 0 y 17 años, siendo el tramo de 0 a 5 años el más numeroso con 39 casos, seguido de 6 a 10 años con 35 casos. Del total de menores ingresados, 9 eran víctimas de maltrato. “Ellos son los grandes olvidados de esta guerra, quienes parecen que viven la violencia de forma secundaria, pero no es así. Los hijos de las víctimas necesitan atención y protección porque ellos también, y desgraciadamente, son protagonistas”, destacó ayer Paloma Osés, coordinadora de los recursos de acogida de Xilema. En los tres recursos se atendieron a 103 mujeres y 109 menores.

Además, cada año desde esta asociación se encuentran con mujeres que acuden al servicio con escasos recursos personales y materiales, y sin una red de apoyo social, ni familiar, situaciones que se agudizan con las mujeres extranjeras. El 63,54% de las víctimas llegaron a estos centros el año pasado eran usuarias de servicios sociales, el 72,2% no tenían un empleo (el 30% de las mujeres atendidas no tenían permiso de residencia y, por lo tanto, tampoco de trabajo) y, en un buen número de casos, vivían del alquiler. En los últimos años las víctimas están cada vez más cerca de una situación de exclusión social o en riesgo de padecerla. La principal dificultad llega a la hora de encontrar trabajo lo que está afectando a los niveles de confianza básica para avanzar en su autonomía".

tres estadios El centro de urgencias es el primer refugio al que puede acceder una mujer maltratada, y donde éstas pueden permanecer hasta un mes. En esta fase, remarcó Javier San Miguel, director técnico de Xilema, se movilizan todos los recursos sociales, de salud mental, se tramitan ayudas y se toma conciencia de la situación tras un estado emocional “de confusión”. Pueden llegar con o sin denuncia. A partir de ahí o deciden retomar su convivencia o pasan al centro de acogida (cinco mujeres y 12 menores en 2010) aunque pueden acceder directamente sin pasar por Urgencias, donde se trabajan aspectos no solo de acompañamiento y búsqueda de empleo sino que también se realiza un trabajo “personal y familiar” para generar “independencia y autonomía”. El año pasado fueron atendidas ocho mujeres y 17 menores. La estancia media es de entre seis y nueve meses. El 100% de las mujeres acogidas eran parejas de hecho o casadas, y durante su estancia en el servicio solicitaron la separación o las medidas por hijo extramatrimonial. El 50% se encontraba en paro. De ese recurso pueden pasar a alguno de los cinco pisos que existen para estos casos, y al que el año pasado acudieron seis mujeres y once menores.

Apoyo emocional, facilitar orientación, asesoramiento y acompañamiento social… Una mirada a un “futuro personal y familiar en paz, libre de violencia y que, por supuesto, es posible”, remarcó Paloma Osés. Sin embargo, dar el paso de denunciar, de alejar de su vida la violencia, no es fácil para la mujer. “Se entremezclan las razones personales, los sentimientos, los sueños que han tenido, con la realidad más cercana, con su estabilidad y con su autonomía e independencia”, admitió.

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