patxi lasa presidente de la fundación gizakia herritar

"Hay gente que aprovecha oportunidades, encuentra un trabajo y sale de la soledad"

Diario de Noticias, ana ibarra, 21-11-2010

pamplona. Pamplona y su comarca ha pasado de no tener ningún comedor social a ofrecer cuatro, uno municipal. ¿La iniciativa social se adelantó a la pública en plena crisis?

Con seguridad, el incremento de los comedores sociales es consecuencia directa de una mayor demanda social provocada por la crisis económica. Nuestra fundación fue capaz en cinco meses de construir un proyecto como el del París 365. Estamos orgullosos de haber estimulado al Ayuntamiento de Pamplona para que haya abierto un comedor municipal en agosto del 2010 y por ello les felicitamos. Desde nuestro nacimiento manifestamos nuestra vocación de desaparecer si las instituciones públicas cumplían con su obligación de garantizar el derecho de todo ser humano a una alimentación adecuada. No lo hemos hecho porque en el periodo agosto – octubre de este año hemos incrementado las tres comidas diarias que ofrecemos en un 39% y, por tanto, consideramos que los recursos y el modelo de comedor municipal son insuficientes.

¿Desde la Fundación Gizakia Herritar se pretende ir más allá de crear un recurso asistencial?

Nacimos con esta vocación y partiendo del hecho de que la exclusión social es consecuencia de múltiples factores, a la vez que abrimos el comedor de Pamplona, pusimos en funcionamiento una oficina de atención jurídica gratuita a personas inmigrantes para asesorarles en trámites relacionados con la Ley de Extranjería y otros asuntos básicos de su vida… Además, creamos el Instituto Formativo Bizikasi para identificar necesidades sociales de usuarios y ofrecer soluciones. En los últimos meses hemos realizado formación para el empleo, habilidades sociales, informática básica, proyectos experimentales de emprendimiento social, como el pañuelo de Sanfermines, y diversas actividades culturales y de integración social.

¿Calidad y atención personalizada son las claves del éxito del París 365?

Son imprescindibles. En los comedores solidarios París 365 servimos tres comidas al día todos los días del año bajo criterios reconocidos por la comunidad internacional para una alimentación aceptable. Es decir, los alimentos deben estar disponibles en los mercados locales, ajustarse a la cultura alimentaria de nuestra tierra, deben cubrir todas las necesidades nutricionales generales desde el punto de vista de la cantidad, energía y la calidad, ser seguros, por tanto deben carecer de elementos tóxicos o contaminantes. Y, por último, deben ser servidos en un ambiente agradable y en intercomunicación emocional con los usuarios y usuarias.

¿En qué está cambiando el perfil de los usuarios del comedor social?

La demanda sigue creciendo mes a mes, sobre todo en los últimos tres meses. Hemos incrementado en un 39% el número de comidas y cenas; y seguimos teniendo permanentemente entre 50 y 100 personas en lista de espera. En el mismo periodo se ha incrementado el número de familias monomarentales con hijos e hijas en un 20 %. Y a cómputo anual, el número de usuarios de origen comunitario, fundamentalmente del Estado, ha pasando del 20 % al 30 %. También preocupa el aumento de solicitudes de personas con enfermedades crónicas o terminales sin apoyo familiar estable, y de personas que viven en la calle y combinan su situación de pobreza o exclusión social con problemas de salud.

¿Cuáles son los principales riesgos que llevan a la exclusión social?

Las personas que viven en la calle, que cada vez son más y están en peores condiciones, y ese colectivo de enfermos crónicos y/o terminales que con unos ingresos mínimos viven solos, es indiscutible que cada día están entrando en una mayor situación de riesgo. Hay muchos trabajadores en desempleo de larga duración, particularmente aquellos que ya no perciben ninguna prestación o ayuda, y que están endeudados económicamente (hipotecas, préstamos personales, etcétera), que cada día son más. También tenemos familias numerosas monomarentales/monoparentales y pensionistas con bajos ingresos, particularmente si carecen de apoyos familiares o sociales. En el caso de las personas inmigrantes, en muchos casos combinan varias de las situaciones citadas. Son los que más están sufriendo la destrucción de empleo, particularmente el de la construcción, se les están agotando las prestaciones de desempleo y/o las ayudas sociales, y muchos de ellos son mujeres con hijos/as que carecen de apoyos familiares. Si a esto añadimos que no tienen más remedio que vivir en habitaciones, en muchos casos con alquileres abusivos, y además, no pueden volver a sus países de origen porque la crisis les ha afectado todavía más que a nosotros, la situación de una parte importante de la población foral de origen inmigrante es límite.

¿Cuáles son los nuevos proyectos?

La creación de una ludoteca para la conciliación familiar para las persona usuarias del París 365; la apertura de un pequeño espacio socio – cultural con acceso gratuito a equipos informáticos; internet y prensa para aquellos que no pueden acceder a los medios y por tanto tienen menos oportunidades de encontrar empleo; alguna vivienda comunitaria; el Catering Sostenible…

¿Qué datos manejáis sobre la pobreza extrema en Navarra?

El VI Informe FOESSA habla de un 2,6 % de pobreza extrema para Navarra, por lo que en nuestra opinión podríamos hablar que entre 16.000 y 20.000 navarros y navarras están en situación de pobreza extrema, una barbaridad… y de septiembre de 2007 a octubre de 2010 el paro se ha incrementado en 22.025 personas.

Hay quienes critican que se destine 30 millones para renta básica (unos 8.000 beneficiarios en Navarra) pero no haya más políticas preventivas…

La renta básica es un derecho establecido por Ley que garantiza unos ingresos mínimos hasta que el propio sistema ofrezca unas condiciones para que las personas no necesiten esta prestación. Lo que deberíamos preguntarnos es si se están ofreciendo esas condiciones, que fundamentalmente pasan por el empleo, pero también de otros recursos relacionados con factores personales y sociales, como vivienda, servicios públicos gratuitos de calidad o la posibilidad de acceder a la cultura y los medios de comunicación.

¿Vivimos en una burbuja de bienestar en la que creemos que nunca vamos a patinar hacia el lado oscuro…? ¿Es posible un nuevo modelo de desarrollo económico y social en el que lleguemos a sentar a la mesa con los más desheredados para compartir un menú ecológico?

Claro que cabe un modelo de desarrollo basado en la sostenibilidad social, ambiental y económica, en un consumo responsable en el que todas las personas tengamos cabida según las capacidades de cada quien y donde todos/as nos corresponsabilicemos. Ya existen iniciativas en esta dirección, Banca Ética (FIARE), mercado social, cooperativas y empresas socialmente responsables, etcétera. Si esto es así, consumir ecológico de una manera sostenible no sería algo excepcional. La pregunta es si hay voluntad de construir un modelo basado en la justicia social. El actual precisamente funciona porque es más cómodo vivir en una burbuja, de crisis en crisis que siempre pagan los más desfavorecidos, y creer que lo que le pasa al otro nunca nos pasará a nosotros ni a nuestros seres queridos, evitando el compromiso social con la comunidad que debería partir de cada uno de nosotros.

¿La gente entra y sale del comedor según su devenir personal?

Lo que nos preocupa es que el mayor número de personas que atendemos salga de los círculos de pobreza y la exclusión, es un trabajo a medio y largo plazo que precisa un seguimiento individualizado, que requiere un trabajo coordinado con otras entidades e instituciones y también un compromiso personal de las personas afectadas, en definitiva pretendemos que tengan oportunidades reales y que se incorporen a la sociedad con nuevas ilusiones cada día. Reciben asesoramiento, alimentación, formación, empatía, comunicación interpersonal, algunas oportunidades de empleo y en algún caso incluso se ha conseguido una vivienda comunitaria, como en el caso de dos usuarios. La verdad es que la gente aprovecha las oportunidades, hay quien ha vuelto a encontrar un trabajo. Hemos hecho de todo, desde acompañar a usuarios al hospital, a servicios sociales o al INEM hasta un apoyo y acompañamiento emocional. Al final te implicas porque son personas.

¿Y algún final muy feliz del que hayáis sido testigos?

El roce y la comunicación hace que muchos de los usuarios salgan de la soledad. Recuerdo que una usuaria aprendió costura en un curso y ya tiene encargos y coge los bajos a muchos usuarios… Aquí ha habido hasta ligues.

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