La careta

Diario Sur, IGNACIO LILLO, 19-11-2010

Están tan confiados en que van a arrasar que se les olvida ponerse la careta. O se la ajustan poco, porque se les cae a la primera de cambio. Les pasa cada vez con más frecuencia: están relajados, entre amigos, de buen rollito, vamos, y sueltan perlas de esas que puntúan alto en el ‘Twitter’. Primero fueron los morros de una ministra; luego, las carnes de las chicas jóvenes y no se cuántas lindezas más sobre la cuestión. Y, casi al mismo tiempo, aparecía un videojuego para cazar inmigrantes ilegales…

La última salida de tono, de ayer mismo, es la de la consejera de Educación de la Comunidad de Madrid. Piensa la buena señora que no es oportuno dar ordenadores portátiles a los estudiantes andaluces, porque los venden en el rastro de Martiricos por cincuenta euros. Que a ella se lo ha dicho un amigo.

La acumulación de improperios y salvajadas consecutivas en las pasadas semanas es tal que da la sensación de que lo estén haciendo a posta. Con semejante plantel de asesores mediáticos y sondeos de opinión pública e intención de voto no me creo que sea coincidencia. A lo peor a alguno de estos ideólogos se le ha encendido la bombilla, ha visto la pujanza de la ultraderecha europea y ha dicho que por ahí tienen que ir los tiros.

En tiempos duros como estos es fácil caer en la tentación de arañar votos con cargo a los instintos básicos humanos. Cargar contra el inmigrante que roba el trabajo que el español (o el catalán) no consigue. Tirar de machismo tabernero y soez; recuperar los tópicos de siempre, del andaluz pícaro y analfabeto.

Lo difícil es lo contrario: ofrecer proyectos ilusionantes, ideas para reactivar la economía, algo que, por otro lado, este Gobierno ha demostrado que es incapaz de hacer; optimismo sobre las posibilidades de futuro del país, un mensaje de unidad para salir juntos de la crisis… En definitiva, hacer política de verdad.

Es cierto que el escenario no es el mismo que en 2008, la gente está ahora más castigada por el paro y el pesimismo, más receptiva a según qué mensajes. Pero entonces tampoco estaba la cosa para tirar cohetes y el electorado dio la espalda a postulados radicales y ultraconservadores. Quién sabe si no se han quitado la careta demasiado pronto.

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