El reto del reencuentro

La reagrupación favorece la socialización de personas que, alejadas de la familia, no logran su total integración Barcelona aplica un plan para mitigar los miedos y angustias inherentes a todo cambio de país y cultura

La Vanguardia, , 15-11-2010

LLUÍS SIERRA / LUIS BENVENUTY – Barcelona
Lo difícil no fue convencer al Estado español, sino que los padres de ella la dejaran venirse a vivir a Barcelona, al otro lado del charco.Juan José Méndez, consultor de sistemas informáticos de 32 años, disfrutaba en Perú de una exitosa carrera profesional, pero estaba obcecado en crecer aún más en Europa. Su novia, Rosa Lucía Barrios, de 26 años, era consciente de que su futuro acabaría pasando por España. Esta es una historia de reencuentros amorosos – legalmente hablando de reagrupación familiar-,de cómo estos procesos afianzan la integración y la cohesión de toda la sociedad, una historia sobre los miedos y angustias que esconden la principal vía de entrada legal de extranjeros en Catalunya. Una historia de cómo este proceso forja ciudadanos.

“En Perú, en Huancayo – dice Juan José en una terraza de la rambla Catalunya, junto a la auditoría donde trabaja Rosa Lucía-,las parejas tienen estatus de enamorados (novios) hasta que él pide la mano a los suegros. Hasta entonces pueden besarse y pasear, pero cada uno vive con sus padres”. Con la pedida se plantea un proyecto de vida. Algunos llegan con bandas de música y lechales. Juan José lo hizo con 10.000 euros, los ahorros de sus primeros cuatro años de trabajo en España, suficiente para que Rosa Lucía cursara un máster sobre finanzas por estas latitudes.

Juan José lo tenía todo calculado: la matrícula, el transporte, la vivienda, la comida… Al cabo de una hora, el padre de Rosa Lucía, a su pesar, claudicó ante el proyecto de vida de Juan José.

El comisionado de inmigración del Ayuntamiento de Barcelona, Daniel de Torres, explica que estos son los rostros de un proceso que arrancó en torno al año 2000 con la llegada de miles de solitarios pioneros que, en los últimos años, han insistido en incorporar a los suyos a sus nuevas vidas, en recuperar a sus familias. Y el cierre de este círculo es fundamental para que muchos de estos inmigrantes se conviertan de veras en ciudadanos. Un hombre solo se relaciona con sus iguales, con los de su origen, su principal preocupación es ganar dinero. Y poco más. Un hombre con mujer e hijos asiste a las reuniones del ampa, aprende catalán para ayudar a sus críos con los deberes, lee los diarios, tiene interés en los designios del país.

El plan de Juan José no parecía tener fisuras. Una gestora tramitó los papeles en seis meses. Lo que no ponderó fueron los cuatro años de ventaja en estas tierras que le llevaba a su esposa. Pocos piensan en los miedos de quienes de repente lo abandonan todo para reunirse con su pareja y su nueva vida en un mundo desconocido. “Gracias a las sesiones de acogida del Ayuntamiento, me di cuenta de que la sacaba de un todo para plantarla en una nada”.

Cuando Giancarlo Chu, de 31 años, recibió una llamada de un técnico municipal invitándole a una reunión para preparar la llegada de su mujer y sus dos hijos, de 9 y 6 años, pensó que aquello era una sandez. Giancarlo trabajaba en un almacén de trasteros, jugaba al fútbol con otros peruanos, luego tomaban cervezas, a veces cerraban bares… En diez días superó la inspección municipal del domicilio donde viviría con los suyos; el Gobierno había aprobado sus solicitudes. Qué problema podría surgir, se preguntaba en su plácida vida barcelonesa. Mientras, Eliana Colchado, su mujer, también de 31 años, escuchaba en Perú una y otra vez que en España abundan los racistas. Temía que los rostros de sus pequeños atrajeran los insultos. Además, su relación con Giancarlo no atravesaba su mejor momento, iba a dejar a sus amigos y familiares en el otro lado del planeta, perder su empleo, empezar en un lugar desconocido con dos idiomas… Miedos que se entierran en silencio.

“A pesar de que los teníamos en un colegio privado, sólo había un argumento a favor para venir a España – dice Eliana-:la educación y el futuro de los niños, que querían estar con su papá”. “Y que aquí no hay tantos terremotos como en Chimbote”, añade.

“Nada más llegar, nos pusimos malos los tres. No soportábamos el frío y la fiebre nos subía todo el rato. La comida nos sentaba fatal. Yo no tenía trabajo. Además, en Perú tú levantas el brazo y el colectivo se detiene, ono, estés donde estés. Aquí hay que andar mucho hasta la parada del autobús, los niños decían que no querían estudiar catalán… Y el metro, que me daba pavor: ¿a quién se le ocurre construir todo eso bajo tierra?

¡Puede hundirse en cualquier momento!", prosigue Eliana mientras camina hacia su piso en el Carmel.

Según De Torres, los costes sociales de no invertir dinero público en revertir estas situaciones serían desproporcionados. “Podríamos desentendernos, pero estas personas entran legalmente en el país”. “Van a venir de todos modos”, añade. Que se integren es beneficioso para la toda sociedad. Asesoramiento para la homologación de títulos, cursos de catalán para facilitar la inserción escolar, encuentros entre iguales para compartir experiencias, caminos a la integración. La alternativa son guetos de lenguas exóticas y parques poblados de adolescentes frustrados y que sólo se relacionan entre ellos, fuera de los procesos de formación y el mercado laboral, con ropas amplias y ganas de ser el líder de la banda.

David, de 17 años, estudia Higiene Dental en el IES Salvador Seguí. Lo del catalán al principio le inspiró respeto. “Pero es muy fácil”, dice ahora. Llegó a Barcelona en mayo y pasó el verano estudiando la lengua, cuatro horas diarias, con otros chicos de Ecuador, Filipinas, Pakistán… “Extraño a mis amigos de siempre, pero hablamos por internet. Me gusta Barcelona, no quiero regresar a Colombia. Aquí tengo un futuro”. Además, Yadira Estrella Cantos, su madre, tras cinco años fregando suelos y otros trabajos, apenas se siente culpable. Las mujeres que dejan a sus hijos en la otra esquina del mundo sienten que abandonaron a sus hijos. Llevan una existencia gris porque todo lo que ganan lo envían a casa, trabajan y ven la tele. Aprenden a conectarse a internet para, desde un locutorio, ayudar a sus hijos a hacer los deberes. Y luego se sienten peor por arrancar a su hijo del lado de su abuela y sus amigos para traerlo a un lugar desconocido.

A Yadira, su nueva pareja la ayudó a superar el miedo. Ahora David tiene un hermanito mestizo catalán. Ahora Rosa Lucía explica a otras mujeres recién llegadas que no tengan reparos en contar sus miedos, que no son una rémora de sus hombres. Giancarlo sale de la biblioteca Juan Marsé con cuentos y DVD infantiles en castellano y catalán para el fin de semana mientras Carlos y María Fe corretean a su alrededor. Y Eliana estudia catalán y un curso de cuidadora de gent gran y adora que los buses sólo se detengan en las paradas estipuladas. “Adoro el orden de acá, la gente haciendo cola… Ya no quiero volver a Perú, quiero criar a mis hijos aquí. Yo no quería venir, pero lo dejé todo en manos de Dios y…”.

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