Herida al caerle cascotes de una iglesia cuando paseaba a su bebé en Barakaldo
El Correo, , 12-11-2010R.I., una mujer de origen coreano de 35 años, paseaba ayer a su bebé en una sillita, en compañía de una amiga y su hijo, por Los Fueros, la zona más céntrica de Barakaldo. Casada con un baracaldés y residente en la localidad fabril, la mujer se llevó un buen «susto». Cuando pasaba junto a la parroquia de San José, en la esquina con la calle Nafarroa, alrededor de las cuatro de la tarde, fue alcanzada por unos cascotes que se desprendieron de la fachada de la iglesia. Uno de los trozos de ladrillo caravista que cayeron desde unos cinco metros de altura le golpeó de lleno en la cabeza. El impacto le abrió una brecha.
Conmocionada, la mujer tuvo que sentarse en el peldaño de la entrada al Banco Guipuzcoano, situado en frente de la iglesia, mientras digería lo que acababa de ocurrirle. Por fortuna, las piezas desprendidas de la fachada no causaron ningún daño al niño, que salió ileso. El suceso generó un gran revuelo en las calles próximas, llenas de comercios que a esa hora empezaban a abrir sus puertas.
«Si te cae un trozo de esos desde esa altura puede matarte», aventuraba Abdelatif, un joven marroquí que en esos momentos se encontraba colocando las luces de Navidad en los árboles de Los Fueros.
Párroco «preocupado»
De inmediato, se desplazaron hasta el lugar patrullas de la Policía Local de Barakaldo y de la Ertzaintza. Los agentes acordonaron la zona para evitar nuevos incidentes. Los Bomberos desplegaron la escala hasta el punto donde se habían despegado los ladrillos, cerca de una ventana, y retiraron los restos que corrían riesgo de seguir cayendo.
Mientras, sanitarios de una ambulancia de Cruz Roja, cubiertos con cascos, auxiliaron a la víctima. La mujer fue trasladada hasta el cercano hospital de San Eloy.
«Yo también me he pegado un buen susto», confesaba ayer el párroco de la iglesia de San José, José Antonio Guemes, que nada más conocer la noticia, se desplazó hasta la unidad de Urgencias del centro sanitario para interesarse por el estado de la herida. «Preocupado», el sacerdote pudo hablar con la mujer accidentada y con su marido, y comprobó que tanto ella como el pequeño se encontraban en perfecto estado.
A falta de un examen médico más profundo, la lesión – una brecha en la cabeza – no revestía gravedad. «Hemos quedado en que me iba a llamar para decirme cuál era el diagnóstico», explicó el sacerdote. Respecto al desprendimiento, los Bomberos retiraron el cordón de seguridad y le informaron de que «no apreciaban ya peligro». El párroco atribuye el «accidente» a las «tormentas, lluvias y viento» que en los últimos días han azotado a Vizcaya, y espera que algo así no vuelva a repetirse.
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