«Ninguna cultura que se ha cerrado ha sobrevivido al paso del tiempo»
El Correo, , 11-11-2010Debe haber un esfuerzo conjunto de toda la sociedad para evitar la exclusión, porque «mientras haya gente excluida no habrá paz social». Esa fue parte de la reflexión que la experta en mediación intercultural, Fadhila Mammar, lanzó ayer en la jornada que sobre acogida y diálogo se desarrollo en la Casa de Igualdad con una treintena de personas integradas en diversos colectivos sociales de la ciudad.
Nadie niega que «tenemos diferencias y a veces eso crea dificultades pero la sociedad es variada y algo hay que hacer» para que la convivencia se desarrolle con patrones de normalidad aunque haya que hacer un esfuerzo extra.
No debemos olvidar, incidió Mammar, que «ninguna cultura que se ha cerrado ha sobrevivido», todas las que han llegado hasta nuestros días es porque «han tenido la capacidad de adaptarse, de incorporar cosas nuevas».
Aunque España se haya visto obligada a hacerlo de forma apresurada, ya que, en poco tiempo, ha llegado mucha gente de orígenes muy distintos. «Aquí no había tradición de recibir inmigrantes» y, a pesar de todo, cree que «las cosas no han ido mal».
Tensiones y conflictos
Eso no significa que no haya nada que hacer para mejorar la integración cultural, porque todos los cambios traen tensiones y a veces conflictos que resolver. Hay que partir de una visión enriquecedora del proceso y no de una imagen negativa del mismo. No se trata de trabajar para aniquilar o negar las diferencias. «Se trata de ver cómo podemos vivir nuestra diversidad en la unidad», explicó.
Y para lograrlo es importante crear espacios públicos de encuentro donde se comparte y se destaque todo aquello que nos une. «No se puede poner el acento en que visten diferente, que celebran otras fiestas o que hablan otro idioma y percibirlo como una amenaza».
De este modo, lo que hemos hecho es olvidarnos muy rápido de los seres humanos tenemos el 90% de las cosas en común. Si nos quedamos sólo con lo que nos diferencia se produce una fractura social» sea cual sea el porcentaje de inmigrantes o su origen.
Se deben respetar las peculiaridades de cada cultura, la experiencia de otros países europeos ha demostrado que el modelo asimilacionista no funciona. La sociedad es cada día más diversa y «las administraciones deben amoldarse a estos cambios, no al contrario». En ciudades pequeñas como Miranda se debe aprovechar como un activo más la cercanía, la facilidad para conocer e identificar a los recién llegados.
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