Mesa de redacción
Tibias y corazones
Deia, , 10-11-2010ALGO está cambiando en el mundo del fútbol. Antes los defensas eran un tipos rudos y malencarados que se hacían un hueco entre los grandes a base de codazos, patadas y entradas alevosas que no se veían mil veces repetidas en televisión. Esos tipos, que respondían a nombres tan tiernos como Ovejero, Panadero Díaz o Goyo Benito primero dejaban marcados sus tacos en las espinillas de sus rivales y luego les ayudaban a incorporarse con galantería a la vez que les advertían: “Si vuelves a intentar regatearme, te doy más duro”. O aquel grito entre racista y amenazante que el central madridista espetó a un compañero: “¡Pepe! Dale al negro, que no se le notan los moraos”. Y aquellos jugadores que tenían una espalda de un metro de ancho, unas melenas setenteras y una dentadura con más agujeros que un campo de golf invadido por los topos, volvían raudos hacia su portería, pisando fuerte y sonriendo a una grada que vociferaba todo tipo de insultos hacia sus personas. Sobre la hierba continuaba tendido un artista bien parecido. Ahora todo ha cambiado. Los futbolistas son en la actualidad ídolos de masas. Las mujeres se han hecho un hueco en las tribunas de los estadios. Y en los vestuarios ya no huele a linimento, sino a Chanel. Las revistas deportivas organizan un concurso para elegir al futbolista más guapo de Primera División. Pero los bellos ya no son delanteros como Julen Guerrero o Raúl. El más atractivo de los futbolistas de la Liga es Aitor Ocio, el central del Athletic. Y es que los defensas ya no rompen tibias, rompen corazones.
(Puede haber caducado)