Libre hasta para ser racista
EL ZOO DEL SIGLO XXI / RAND PAUL El nuevo senador de Kentucky se proclama libertario hasta el punto de afirmar que hay que permitir la discriminación privada incluso por el color de piel
El Mundo, , 04-11-2010Especial para EL MUNDO
La primera gran victoria de la noche del martes en el casillero republicano la aportó Rand Paul, el heredero del movimiento libertario que durante años ha encarnado en el Capitolio su padre, el republicano Ron Paul. Con un margen relativamente holgado, de ocho puntos, se impuso a su contrincante, el demócrata Jack Conway.
El nuevo y flamante senador por Kentucky responde perfectamente al perfil de candidato arquetipíco del Tea Party, el movimiento que con su rabioso activismo le impulsó a un improbable triunfo en las primarias republicanas de mayo. Este oftalmólogo de 47 años nunca antes ha ocupado un cargo público, y destila una pureza ideológica tal, que nunca duda en llevar sus convicciones al extremo, incluso cuando ello implica contrariar lo políticamente correcto.
El mejor ejemplo lo representan sus declaraciones sobre la legislación sobre los derechos civiles aprobada por el Congreso en 1964, que puso fin a la segregación racial en Estados Unidos. Paul declaró su oposición a algunas de sus provisiones. «Una sociedad libre debe aceptar la discriminación no oficial y privada, incluso cuando ello significa permitir que grupos llenos de odio discriminen a gente basándose en el color de su piel», declaró en una entrevista poco después de ganar las primarias.
Sus palabras levantaron una fuerte polémica, pues se interpretaron como una legitimación del racismo. Sin embargo, Paul enseguida lo clarificó, y aseguró que «aborrece el racismo». Fiel a sus ideas libertarias, el republicano considera que las libertades individuales, y de las empresas y comercios nunca deben ser violadas por el Estado, ni tan siquiera para lograr un fin positivo como poner fin a la segregación. Según Paul, debe ser la sociedad, y no el Gobierno, quien evolucione y convierta esas prácticas en inviables.
Cuando aún no se había apagado la controversia, Paul volvió al ojo del huracán al acusar al presidente Barack Obama de antiamericano a causa de su dureza con British Petroleum, la petrolera responsable del vertido de crudo en el Golfo de México.
Vista la reiterada propensión de Paul a meter la pata, sus estrategas le aconsejaron alejarse de los medios durante la campaña. Y la estrategia funcionó, pues no fue el protagonista directo de ninguna nueva polémica. Ahora bien, sí lo fue de forma indirecta, ya que una manifestante progresista fue agredida en uno de sus mítines. Esta vez, Paul si se ajustó a lo políticamente correcto, condenando la acción.
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