La Europa de Merkel

La Vanguardia, , 27-10-2010

José Sols
No cabe duda de que la canciller alemana, Angela Merkel, tenía razones de peso para proclamar el fin de la sociedad multicultural alemana, el pasado 17 de octubre. La canciller pretendía abrir un espacio político entre el buenismo acogedor del inmigrante y la extrema derecha, en alza por doquier, que clama por la expulsión de todos los venidos de fuera. Merkel afirma defender la tradición cristiana europea, que llevó a la declaración de derechos humanos, pilar de nuestra actual Europa social. Quizás pasó demasiado rápido por la historia de Europa, en la que, sólo en los últimos 500 años, ha habido mucha monarquía absoluta, mucha intransigencia religiosa, mucho colonialismo y unos totalitarismos breves pero intensos.

La Europa dulce que defiende Merkel tiene sólo 65 años, y la canciller no quiere concederle la jubilación. Más aún, se siente responsable de esta Alemania y de esta Europa jóvenes, y no admite que se vayan a pique por la llegada de inmigrantes con una cultura y con una religiosidad que, en ocasiones, se parecen más a nuestra Edad Media que a nuestra sociedad moderna.

Ahora bien, Merkel no debería olvidar algunas cosas importantes: 1/ Europa (algo menos Alemania) es históricamente corresponsable de la pobreza en Asia, Áfricay América Latina, de la cual intentan huir hoy los inmigrantes . 2/ El multiculturalismo es condenable, por ser poco útil y muy peligroso, pero no así la interculturalidad, esto es, la construcción de una nueva Europa a partir del diálogo entre culturas, tomando como eje central el humanismo cristiano occidental de los derechos humanos. Y3/, con los inmigrantes extranjeros hay que tener paciencia y tacto. Los procesos migratorios son largos: concluyen cuando muere la tercera generación. No les podemos pedir a inmigrantes extranjeros de primera o segunda generación que cambien de cultura como quien cambia de peinado, sobre todo si tenemos en cuenta que no lo hicieron los europeos que fueron a América. Somos nuestra cultura. No podemos inyectar a los inmigrantes por vía intravenosa la cultura europea del último medio siglo, que a los europeos nos llevó sangre, sudor y siglos adquirir. El mensaje razonable de Merkel debe dar la mano a la paciencia para no abandonar el terreno de los derechos humanos.

J. SOLS, director de la cátedra de Ética y Pensamiento Cristiano del IQS
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