Holanda y la caducidad del centro

Diario de Noticias, Jaime Aznar Auzmendi, 24-10-2010

El colapso ideológico de los Países Bajos es también el de Europa entera. Nuestra opinión pública se encuentra desconcertada ante el voraz resurgimiento de la extrema derecha, una opción que ha conseguido fortalecerse en las afueras del centro político. Liberalismo y socialismo fueron sistemas de pensamiento destinados a obtener la soñada libertad que el autoritarismo feudal negaba. No obstante, la formulación ortodoxa de ambas teorías generaba su propio despotismo, haciéndose necesaria la aplicación de un filtro democrático. Este proceso corrector originó una clarificación metodológica, incluso teórica, cuyo apogeo se alcanzó hace casi dos décadas. La centralidad sociopolítica vivida tras el bache de principios de los 90 se convirtió en un fundamento quasi ideológico merced a unas circunstancias económicas hoy en extinción. Durante esta etapa idílica, el centrismo ha sido incapaz de definirse, por lo que la sociedad no ha podido emplearlo como herramienta definitiva de progreso. Sin ser un referente concreto con en el que poder identificarse, su proyecto ha caído del mismo modo que su sostén material, dejando tras de sí inquietantes brotes de fanatismo. Es ahora cuando comienzan a surgir las etiquetas más disparatadas. ¿Integrismo democrático? ¿Liberalismo racista? En plena estampida, volvemos a buscar el amparo ideológico que nos faltó en la era del ladrillo y las hipotecas basura, pero la desorientación es tal que cualquier atajo sirve para recuperar la comodidad perdida.

Este confuso incendio que empieza a prender también en Cataluña viene acompañado de aplausos, de tics xenófobos, de pasiones sin objeto, e incluso de desfiles con antorchas. Si el viaje al Centro es la receta de la bonanza, la recuperación de las ideologías parece imponerse como el único camino en momentos de transición. El rearme en valores concretos, en principios netamente políticos, volverá a ser la luz que oriente a la sociedad contemporánea. Los alaridos son comprensibles después del falso fin de la historia que hemos vivido, pero la solución no se encuentra detrás de la primera pancarta que veamos.

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