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Historia de una foto en el vestuario

La Voz de Galicia, Leoncio González, 24-10-2010

| Merkel prepara a su país para la llegada de mano de obra foránea

Miremos a lo lejos. Todos los estudios de prospección aventuran que Europa está a punto de convertirse en un geriátrico. La gran mayoría de los países de la UE encaran procesos de envejecimiento que, entre otras secuelas, suponen un descenso de la fuerza laboral de entre el 4 y el 5% si son ciertos los cálculos que hizo para Francia y Alemania Robert Shapiro. Con ese panorama, previenen, la única salida para sostener el crecimiento, preservar el bienestar y garantizar las pensiones, es atraer mano de obra foránea. La decisión racional consistiría, por tanto, en permitir que siga verde el semáforo de entrada y prepararse para que el flujo de nuevas llegadas sea lo menos tumultuoso posible.

Sin embargo, el clima de opinión dominante desincentiva esa tarea o la obstaculiza. Según un estudio reciente, las dos terceras partes de las 92 modificaciones legislativas acometidas por los socios de la UE desde 1990 han estado dirigidas a endurecer la política migratoria. Pues bien, a muchos no les parece suficiente. Como muestran todos los sondeos, los autóctonos vinculan las penalidades con que los zarandea la crisis a la presencia de inmigrantes , crece el temor a la desintegración de los valores nacionales porque los extranjeros no renuncian a los que traen de sus países de origen e irrumpen aquí y allá grupos xenófobos, aupados por parte del electorado para que pongan coto a lo que se interpreta como una nueva invasión bárbara.

Evitar el polvorín

Este es el escenario que precede a la carambola que acaba de dibujar Angela Merkel, al declarar que el multiculturalismo fracasó en Alemania y al difundir, acto seguido, una foto con el jugador del Real Madrid Mesut Özil, nieto de inmigrantes turcos que optó por defender los colores de la selección germana y no los del país de procedencia de su familia, con ostensible disgusto de la comunidad otomana.

La puesta en escena de la canciller ha sido vista como un intento de aplacar al ala más derechista de su partido que, con el argumento de cerrar el paso a la ola populista que baña Europa, ya no duda en asumir sus mismos o parecidos postulados excluyentes. No falta quien ve en ella una maniobra para remontar en las encuestas, exacerbando el sentimiento de orgullo nacional, después de que arriesgara lo suyo al salir al cruce del hombre más leído ahora mismo en Alemania, Thilo Sarrazin, el autor de un libro en el que afirma que su país se dirige a la extinción por culpa de árabes y turcos.

Puede que haya un poco de todo eso pero, a la vez, sería impropio ignorar que vuela más alto. Contrariamente a lo que se entendió en un primer momento, Merkel no está cerrando las puertas de su país a los extranjeros sino que, por el contrario, ha empezado a allanar el camino para que la incorporación de nuevos inmigrantes que exige la economía alemana no se convierta en un polvorín social.

Tomando como referencia el modelo que representa el habilidoso medio volante merengue dice a los jóvenes de origen extranjero que ya habitan en Alemania o a los que puedan llegar allí en el futuro que el éxito está a su alcance a condición de que se integren como hizo el futbolista. Al mismo tiempo, solo por elegir a Özil para este mensaje, se planta ante los demagogos que estigmatizan a los musulmanes por el hecho de serlo. No es la religión que profesan lo que hay que combatir, les dice, sino el sistema de guetos en que se encierran y se les encierra, la superposición de dos mundos paralelos dentro del mismo país que los priva de los beneficios de una inclusión plena al tiempo que los exime de las obligaciones que esta comporta.

Se trata de una diferencia notable con lo que proponen otros líderes europeos que están en la mente de todos, y que busca situar la cuestión migratoria lejos del choque de civilizaciones donde se la pretende ubicar: la pertenencia pasa por la lealtad a las normas de la sociedad de acogida, no se puede discutir más, pero no debe cercenarse porque el libro de oraciones sea distinto.

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