Cuenta atrás para no rezar más en la calle

Las Provincias, MARINA COSTA | TORRENT., 23-10-2010

A las dos menos veinte de la tarde varios fieles se esmeran en limpiar la acera con cubos de agua y jabón. Los miembros de la mezquita de Torrent empiezan a llegar para su rezo de la tarde y el reducido local queda repleto en cuestión de minutos.

Cuando el grupo ya llega hasta la puerta se sacan esterillas para que los últimos en incorporarse también puedan cumplir con sus preceptos. Muchos vecinos ya están acostumbrados a tan particular estampa callejera, otros miran con curiosidad y hay quien protesta por lo bajo cuando pasa junto al grupo de musulmanes.

Pero la cuenta atrás ya ha comenzado para que esta imagen ya no se produzca cada viernes y los días señalados del calendario musulmán como el final del Ramadán o la Fiesta del Cordero. Después de más de cinco años buscando un local, el centro islámico de Torrent halló uno próximo al de Nicolás Andreu.

Fue entonces cuando entre la aparente tranquilidad del barrio afloró un enfrentamiento entre los vecinos que estaban a favor y en contra del traslado.

La elección de una nave a pocos metros de la mezquita actual, en la calle San Ernesto, levantó las críticas de quienes denunciaron problemas de aparcamiento en la zona o el «colapso» que generaría la actividad religiosa al disponer de un un aforo mucho mayor.

Aunque hay opiniones y razones para todos los gustos (como el ruido o las molestias que se generan durante la entrada y la salida de los rezos), lo cierto es que detrás de este escaparate también hay miedo, incomprensión y una cierta dosis de desinformación mutua. La situación de calma chicha se rompe nada más preguntar al respecto a cualquier residente. «Yo no tengo nada contra ellos pero no está bien que recen en la calle y en el local que se planteó el problema iba a ir a más porque es mucho más grande y esto se iba a convertir en un caos para todos. Por eso no queremos», explicaba ayer una vecina que prefiere mantener el anonimato.

«Algunos no se apartan cuando intentas pasar, hacen corrillos en los portales y tienes que pedir permiso para entrar en tu propia casa y por la noche pasas miedo», destaca otra. «Yo no he tenido problemas pero creo que es mejor que encuentren un local más grande y alejado por comodidad para todos porque tampoco es bueno para ellos tener que rezar en la calle».

La presión vecinal obligó al centro islámico a parar el proyecto de obra en la nave prevista y plantearse la posibilidad de buscar una ubicación alternativa. Mañana por la noche los fieles votarán la propuesta planteada por los vecinos.

«No queremos molestar a nadie y por eso buscamos un sitio mejor. Aquí no cabemos», subraya Abdelmalek, miembro del centro islámico. El objetivo es «marcharnos de aquí para evitar las críticas pero al buscar un sitio más grande también nos han criticado y al final ya no sabes cómo hacer las cosas».

La decisión de optar por el último local «depende de todos los fieles que son los que van a utilizarlo. Intentaremos llegar a una solución y hablaremos con el Ayuntamiento y los vecinos, si podemos». El representante explica que las posibilidades económicas para elegir son limitadas. «No podemos asumir un alquiler elevado y luego habrá que hacer obras para acondicionarlo».

La instalación propuesta ronda los mil metros cuadrados. «Si al final nos lo quedamos habrá que repartir el espacio porque es muy grande y daremos clases de árabe y conferencias. Esperamos encontrar un buen sitio y que se resuelvan los problemas», desea Abdelmalek.

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