El 98% de estudiantes gitanos logra acabar la enseñanza secundaria
El Correo, , 23-10-2010Mari Carmen sueña, a sus once años, con llegar a ser pediatra. «Me encantan los niños», confiesa. José Ramón, un año más mayor que ella, aspira a llegar a profesor algún día. Hasta aquí todo parece normal. Pero, por estadística, ellos van a tener más difícil cumplir sus sueños. Ambos son de etnia gitana, un colectivo con un alto índice de abandono de los estudios a partir de la Educación Secundaria. A pesar de ello, los datos más recientes están cambiando este tópico. A día de hoy, el 98% de los menores gitanos terminan sus estudios secundarios. «Aunque no todos logran el título. A algunos se les estanca alguna asignatura. Pero siguen en las aulas», advierte Rosa Romero, de la asociación Gao Lacho Drom.
«Esto se está consolidando sobre todo desde hace cuatro años», explica Romero. «Antes, a la falta de personas en su entorno que sirviesen de modelo para motivarles, se le sumaba la idea de que los estudios no servían para nada», añade. Pero la toma de conciencia de que la formación es necesaria ha hecho cambiar el rumbo de esa tendencia. Ahora, el reto está en lograr que permanezcan en el circuito educativo, ya sea en el bachillerato o en la formación profesional, algo por lo que algunos optan, «aunque hay quien se queda por el camino», cuenta la voluntaria de Gao Lacho Drom.
Por eso, ella fue una de las personas que participaron ayer en las actividades que buscaban concienciar a las familias de lo importante que es la educación. Éstas se llevaron a cabo por la tarde en la zona de Antonio Machado, dentro del barrio de Sansomendi, donde hay una mayor concentración de miembros de este colectivo. Un curioso ‘photocall’ para los más pequeños les permitía convertirse en profesionales de algún sector. Antes de hacerse la foto, ellos explicaban a los responsables de la ONG Fundación Secretariado Gitano qué querían ser de mayores.
Labor del profesorado
«Yo quiero ser ertzaina», exclamaba ilusionado Ángel, ‘Tantín’ para sus amigos. Andrea, de siete años, era un poco más tímida. «Peluquera», dijo al fin. Sus padres les acompañaban en la fila y, poco después, recibían la foto de sus hijos sonriendo a su futuro. «Pero no son los únicos a los que hay que concienciar», relata Nuria De la Cruz, coordinadora provincial de la ONG. «Quienes también han de hacer un esfuerzo para que esto sea posible son las instituciones y el profesorado».
En esta línea, el miércoles 27 plantearán su campaña a los responsables de las diferentes administraciones y a los colegios de Vitoria. Ellos son una parte fundamental de este trabajo, aunque a veces por su parte «hay barreras».
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