Choque de culturas en Coronación
El Correo, , 17-10-2010La madrugada del pasado miércoles fue una multitudinaria pelea con una veintena de jóvenes implicados. Unas horas antes, la detención de un joven de 23 años acusado de agredir en plena calle a un anciano de 74 años para arrebatarle la cartera. Los habitantes del barrio de Coronación se han habituado a este peligroso soniquete. El quinto barrio más poblado de Vitoria – 12.891 ciudadanos empadronados – vive atrapado en una sensación de «constante inseguridad». Aunque las fuentes oficiales y las estadísticas delictivas disipan el eco de la alarma social, el contacto directo con residentes, comerciantes y hosteleros confirma que sí existe un ‘problema’.
Receptor de emigrantes venidos de otras partes de España en los sesenta y setenta, la actual Coronación ha sufrido en el último decenio otro brusco viraje demográfico. Tentada por las comodidades de los nuevos barrios, la gente joven se ha marchado, así que el relevo generacional se ha cubierto con una avalancha foránea. Magrebíes, sudamericanos o africanos comparten escalera con vecinos autóctonos que rara vez bajan de los cincuenta años. Y no siempre en sintonía. «Me siento extranjera en mi propia calle», se queja Pilar, una residente de avanzada edad.
Bastan un par de paseos para que el visitante se percate de que el barrio supera esa media oficial de un 10% de forasteros en la capital alavesa. En Coronación representan el 16,6%, según los archivos municipales. «Están convirtiendo la zona en un gueto», denuncian desde la asociación vecinal Bizilagun. La convivencia, de hecho, a veces echa chispas. La decisión unilateral de los responsables de la mezquita de Tenerías – con una capacidad para 99 personas – de ocupar parte de la acera en su conmemoración del fin del Ramadán causó un hondo rechazo en buena parte del barrio.
¿Rechazo a lo desconocido?
«Quizá el problema resida en que nadie ha explicado al que viene de fuera que hay una serie de conductas que generan rechazo y miedo, y más en un área tan envejecida», desliza el antropólogo Jesús Prieto Mendaza, autor de varias investigaciones sobre la complejidad de este cruce – ¿o mejor choque? – de culturas.
Otro botón bastante revelador. A día de hoy, sólo el Casco Medieval, Zumaquera, Zaramaga y Judizmendi ofertan pisos más baratos. En Coronación puede adquirirse una vivienda de 55 metros cuadrados por 136.000 euros, unos 22,6 millones de las antiguas pesetas. «Está claro que esos precios asequibles tienen que ver con la actual concentración», razona un conocido promotor inmobiliario.
¿Entonces, la extendida sensación de inseguridad responde a un recelo hacia lo desconocido o hay algo más? En lo que va de año, los datos de la Policía Local indican que Coronación ha experimentado «un descenso de los delitos contra el patrimonio» respecto al año pasado. De 153 a 143. A ellos habría que agregar la estadística de la Ertzaintza. En el Ayuntamiento, no obstante, ven la botella medio llena. «Los incidentes se han estabilizado después de dos años muy malos y ahora tenemos que trabajar duro para rebajarlos».
Los agentes de calle de la guardia municipal y de la Ertzaintza consultados por este periódico manejan otra perspectiva. «Es una zona problemática», coinciden. «Se producen muchos hurtos, en especial a personas mayores, y asaltos nocturnos a tiendas, más costosos por los daños causados que por los botines. Es una delincuencia que genera mucho miedo», comparten. Otro inciso. En lo que va de año, el 76% de los partes abiertos por la Ertzaintza en Álava tiene que ver con delitos contra el patrimonio.
«Te podría recitar varios bares, regentados por magrebíes en su inmensa mayoría, cuya recaudación se basa en el menudeo de hachís. ¡Ah! y pon que muchos de los clientes son vitorianos de toda la vida», asegura un patrullero de la Policía autonómica. Al menos tres locales enclavados en diferentes puntos del barrio «pasan droga», según fuentes policiales y vecinales. El contrapunto lo pone Prieto Mendaza. «El 90% de la población extranjera, en una situación económica tan difícil como la que vivimos, se está comportando de manera ejemplar. Se les señala por lo que hace una minoría».
«Cada fin de semana»
Las trifulcas que se forman «cada fin de semana» en las inmediaciones de una conocida discoteca de la plaza Pascual de Andagoya representan otro de los caballos de batalla de los sufridos vecinos. «Se empiezan a pegar y nadie hace nada», denuncia una residente que vive a escasos metros del local y que solicita el anonimato.
«No pongas mi nombre, majo». Lo primero que percibe el visitante al pisar las aceras de Coronación es el miedo. Un temor a hablar «por las consecuencias». Rota esa primera barrera gracias a la promesa del anonimato, el discurso se repite de manera insistente. Comerciantes ‘quemados’ y residentes angustiados.
«Nos han robado cuatro veces en los últimos meses. A la tercera pusimos cámaras de seguridad», relata un conocido minorista. Gracias a esa videovigilancia, la Ertzaintza comprobó cómo «unos rumanos le birlaron 400 euros a una clienta mientras esperaba su turno».
«Ya ni me molesto en acudir a comisaría cuando me roban, creo que no sirve de nada», se vanagloria una vendedora de Domingo Beltrán. «Esa es la peor postura posible. Si no hay denuncia, no tenemos constancia del problema», replican desde Aguirrelanda. Además, la delincuencia no entiende de razas. Un tendero de origen sudamericano revisa la puerta de su establecimiento. Unas marcas delatan el intento de robo. «Un vecino vio desde su ventana que forzaban la cerradura y telefoneó a la policía. Eso me salvó», agradece. Por cierto, aquel residente solidario era un jubilado de nacionalidad española.
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