El PSC endurece su discurso sobre la inmigración para competir con PP y CiU
El País, , 17-10-2010Un guiño a la izquierda y otro a la derecha. Un gesto hacia el electorado más catalanista y luego una carantoña al más próximo al PSOE. La precampaña de los socialistas catalanes para las elecciones del 28 de noviembre se ha convertido en una alocada carrera para recuperar en escasas cinco semanas las decenas de miles de votos que según las encuestas pueden fugarse a Convergència i Unió, al Partido Popular y, mayoritariamente, al saco de la abstención. Además de la crisis económica, el candidato socialista, José Montilla, debe lidiar con un electorado urbano tremendamente desmovilizado, con un sector catalanista molesto con el PSOE, y con un sector más españolista harto de las concesiones a los socios de Esquerra Republicana.
La última maniobra del PSC ha sido orientada a evitar que Convergència i Unió y, sobre todo el PP, saquen votos de los barrios más castigados por el cóctel explosivo de inmigración irregular y crisis económica.
Para ello, ayer pusieron en primera fila al todavía ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, para que deje claro que los socialistas no están para nada en el discurso “buenista” que la derecha les atribuye en el asunto de la inmigración. “No podemos dejar que los últimos empadronados sean los que pongan las normas”, dijo Corbacho ante un auditorio de un millar de militantes. Corbacho, número tres de las listas del PSC, criticó al PP por su inconcreción en las medidas para controlar la inmigración, que juzga populistas e inaplicables: “Que diga el señor Rajoy qué artículos quiere cambiar para restringir el padrón”.
Sin embargo, afirmó contundentemente que la inmigración pone “presión” sobre los servicios públicos y hasta a las listas del paro. El programa socialista también lanza un guiño a los descontentos con la apertura de mezquitas y otros locales religiosos no católicos. A espera de que hoy sea ratificado por la militancia, el programa aboga por respetar el derecho a la práctica religiosa de forma “transparente” pero pide que ésta se haga “preferentemente en alguna de las lenguas oficiales en Cataluña” y “con respeto a las libertades constitucionales”.
Los socialistas presentaron ayer otra propuesta destinada especialmente al electorado joven más castigado por la crisis y el fracaso escolar, la llamada generación ni – ni. Si gobiernan prometen otorgar becas – salarios a los jóvenes menores de 25 años que ni estudian ni trabajan, por el que percibirían 633 euros mensuales – el equivalente al salario mínimo – durante un máximo de nueve meses. Por su parte, a los jóvenes de menos de 30 años que ya tengan algún tipo de formación les otorgará un crédito – salario por un máximo de 11.399 euros, que devolverán sin intereses cuando consigan un trabajo.
La movilización del electorado urbano y del cinturón de Barcelona es el gran reto. Los estudios aseguran que esta desmovilización no es mayor que en la periferia de Madrid, por ejemplo, pero preocupa mucho al PSC.
Por esta razón, el partido ha movilizado más de 5.000 voluntarios para que, al estilo americano, contacten con amigos, vecinos y familiares para animarles a votar. El objetivo es que cada uno contacte con una veintena de votantes para recordarles lo que se juega el partido el 28 de noviembre. Se ha dividido minuciosamente el territorio para que cada mesa electoral tenga su voluntario que, en función de la evolución de los resultados en elecciones anteriores, incida más en un aspecto u otro. “Explicar la crisis y los recortes del Gobierno es lo que más trabajo nos está dando”, reconoce Jordi Mas, responsable de una de las secciones electorales del distrito de Nou Barris de Barcelona. El objetivo es repescar a los descontentos. “El encargo es centrarnos en las zonas que tradicionalmente nos votan más”, explica. En Mollet del Vallès, feudo socialista del área de Barcelona, el problema también es el paro. “Todo el mundo pregunta por la reforma electoral”, cuenta Raúl David González, que contacta periódicamente con una cincuentena de militantes cara a cara, por facebook o vía SMS. A Obama le funcionó en Estados Unidos, pero por si acaso los socialistas catalanes lo han adaptado al público mediterráneo. “Hemos sustituido las reuniones de tupperware por unas cañas en el bar”, ironiza Mas.
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