Cambios a paso ligero

Las Provincias, CARLOS BENITO |, 11-10-2010

Las Fuerzas Armadas dan una imagen de permanencia, de continuidad, como si los vaivenes de las costumbres no afectasen a su marcha marcial y uniformada a través de la historia. Pero esta idea es poco más que una ilusión óptica. En los últimos veinte años, el Ejército español ha experimentado una transformación que afecta a su fondo, pero también a su superficie: el desfile de mañana, Día de la Fiesta Nacional, dejaría atónito a cualquiera que se hubiese quedado anclado en las Fuerzas Armadas de 1990, enfrentado por sorpresa a esa diversidad de mujeres y extranjeros que ha convertido sus filas en algo mucho más cercano a la sociedad a la que representa. La imagen clásica del militar como un hombre muy hombre, hijo y nieto de militar, ha quedado irremediablemente caduca y equivaldría hoy a tomar la parte por el todo.

Si retrocedemos esos veinte años, nos encontraremos con un Ejército que se nutría aún del servicio militar obligatorio, vigente durante toda la década. Es cierto que las cosas ya no eran como antes: justo aquel año se celebró el último sorteo para la mili de doce meses, ya que, a partir del reemplazo de 1991, el servicio se redujo a nueve. La objeción de conciencia crecía a pasos agigantados – en aquella ocasión, optó por ella uno de cada diez mozos llamados a filas – y ya se acertaba a ver que el futuro de las Fuerzas Armadas debía ir por otro camino, el de la profesionalización.

Privado de ese suministro anual de reclutas forzosos, el Ejército se vio obligado a buscar nuevos caladeros para aprovisionarse de personal. En 1990, la presencia femenina era todavía una anécdota, un exotismo muy significativo pero casi inapreciable: las primeras pruebas a mujeres para acceder a los Cuerpos Comunes se habían realizado en 1988, con veinticinco aprobadas – médicas, enfermeras, farmacéuticas, ingenieras… – , pero aún habría que esperar hasta 1993 para presenciar el ingreso de chicas como militares de tropa y marinería. Hoy, según los datos del Ministerio de Defensa, las mujeres constituyen ya el 17% de las tropas y el 3,4% de los cuadros de mando. En noviembre del año pasado, una de aquellas resueltas pioneras de 1988, Patricia Ortega, se convirtió en la primera mujer que logró el ascenso a teniente coronel.

¿Y los extranjeros? No se puede decir que la idea hubiese sonado exactamente nueva a los españoles de 1990, que sin duda habrían pensado en la Legión, esa fuerza abierta al mundo que nació en 1920 con el inequívoco nombre de Tercio de Extranjeros. Pero lo que había de venir era mucho más ambicioso: en 2002 se abrieron las puertas del Ejército a los inmigrantes de Hispanoamérica y Guinea Ecuatorial, que desde entonces han respondido con entusiasmo a la llamada de esta patria adoptiva. Ahora mismo procede de estos países el 7% de las tropas.

Menos presupuesto

Pero las transformaciones del Ejército no sólo han afectado a su composición. El mundo de hoy no es el de aquellos tiempos, cuando acababa de desmantelarse el bloque comunista, y las Fuerzas Armadas se han ido adaptando a nuevas funciones. La presencia de nuestros militares en distintos lugares del mundo como parte de misiones internacionales era en 1990 un concepto recién nacido: en 1989, varios oficiales españoles habían participado en la misión de la ONU en Angola, pero el primer desplazamiento de tropas no se produjo hasta 1991 con la Operación Provide Confort, que llevó efectivos del Ejército de Tierra al Kurdistán. Desde entonces, 100.000 soldados han participado en este tipo de iniciativas, que mantienen fuera de nuestras fronteras a más de 3.000 militares. Nuestras tropas están presentes ahora mismo en Afganistán, Somalia, Líbano y Bosnia – Herzegovina.

Dentro del reciclaje a tareas de paz, otra novedad importante fue la creación de la Unidad Militar de Emergencias, que el jueves pasado cumplió cinco años. Nació para socorrer a la población en caso de catástrofe y se ha convertido, en palabras de la ministra de Defensa, Carme Chacón, en una «imprescindible herramienta» y un «modelo para el resto del mundo». No será plenamente operativa hasta 2015, tres años más tarde que lo previsto, ya que el futuro inmediato de las Fuerzas Armadas pasa – cómo no – por el recorte presupuestario. A finales de 2011, la plantilla máxima de soldados y marineros se situará en 83.000 personas, 3.000 menos que este año. Esa nueva austeridad tendrá un primer reflejo en el desfile de mañana, donde participarán 3.000 militares, 1.200 menos que el año pasado, y se reducirá también en un 24% el número de vehículos y aeronaves.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)