Gitanos y emigración

La Verdad, SALVADOR HIDALGO, 09-10-2010

:: GASPAR MEANA

Los gitanos han vivido durante mucho tiempo al margen de la sociedad, manteniendo sus propias costumbres y sin hacer ningún esfuerzo por integrarse. Han subsistido en muchos lugares de manera parasitaria, rehuyendo el trabajo productivo y dedicándose gran parte de ellos a la mendicidad y la delincuencia. Como contrapartida ha cundido la desconfianza hacia ellos, marginándolos e incluso impidiendo los escasos intentos de integración. En España se han realizado últimamente notables esfuerzos en la normalización de la población gitana. Aunque aún se les identifica con la práctica delictiva, en la actualidad habitan viviendas dignas y ejercen la mayor parte de ellos un trabajo remunerado.

Cuando se ha avanzado en la integración de nuestros gitanos, ahora nos vienen otros de Rumanía y Bulgaria con sus costumbres de vivir en chabolas y subsistir a base de la caridad pública, los trabajos marginales o la comisión de delitos. Crean problemas de orden público y representan una carga económica, como elementos parasitarios, para la sociedad que los recibe. En Francia, donde parece que el problema es más acuciante, han optado por expulsarlos a su país de origen. Esto ha levantado las protestas de políticos, periodistas y ciudadanos en general, acusando a los franceses de racistas y xenófobos.

¿Es correcto rasgarnos las vestiduras y acusar al Gobierno francés tan duramente? Opino que se debe estudiar el asunto más detenidamente. En primer lugar hay que tener en cuenta que uno de los derechos humanos es el de la inviolabilidad del domicilio. Esto supone que tenemos la potestad de admitir o rechazar la entrada a nuestra vivienda de cualquier persona. Si el territorio de una nación es la casa común de todos sus ciudadanos, parece lógico que el Estado, en el ejercicio de la soberanía nacional, tenga la atribución de expulsar a los extranjeros que no considere gratos. Lo hacen todos los países y nadie protesta. Por ejemplo, Marruecos que de vez en cuando pone en la frontera a españoles, y de otras nacionalidades, sin intervención judicial alguna.

El problema se presenta cuando el rechazo se hace a un grupo social en su conjunto, por pertenecer a una raza, religión o cultura determinada. Entonces estamos ante un proceder racista o xenófobo. ¿Es éste el caso producido en Francia? Pues yo tengo mis dudas. Me parece que los expulsan no por ser gitanos, sino porque los gitanos habitan en los campamentos que quieren desalojar. Es de suponer que si en esos campamentos hay otros extranjeros que no son de raza gitana correrán la misma suerte. También hay que tener en cuenta que tanto en Francia como en España hay muchos miles de rumanos y búlgaros que trabajan y viven como los demás emigrantes y no hay orden de expulsión contra ellos. Sin embargo los gitanos aludidos están creando problemas de orden público, además de ocupar ilegalmente propiedades privadas, y no buscan la integración como los demás extranjeros. Por ello se les expulsa.

La actitud de Francia más bien debería ser un ejemplo a seguir por todos los demás países europeos. Pero actuando no sólo con los gitanos sino también con todos los extranjeros que no justifiquen su presencia por motivos de trabajo, turismo, estudios, residencia como pensionistas, etc. El emigrante que viene a trabajar, una vez concluido su contrato, y sin otra ocupación que lo sustituya, no tiene ninguna razón para continuar en el país, pasará a engrosar la lista de parásitos que viven a costa de los demás y hasta podría representar un peligro social. Ahí tenemos el ejemplo de los españoles que llevan muchos años yendo a la vendimia francesa, todavía lo hacen, y cuando acaba la campaña de trabajo se vuelven a España. ¿Por qué no obligar a todos los demás emigrantes a que obren de la misma manera?

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