EL PERSONAJE

La conciencia de Suráfrica

El arzobispo Desmond Tutu, figura emblemática de la lucha contra el 'apartheid' y combatiente infatigable por la paz y los derechos humanos, abandona la actividad pública al cumplir 79 años.

El Periodico, 08-10-2010

Ocurre pocas veces que una figura religiosa se convierta en un mito mundial pero ese es sin duda el caso del arzobispo anglicano de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu, que ayer, el día en que cumplió 79 años, anunció su retirada definitiva de la vida pública. Luchador infatigable contra el apartheid llegó a ser conocido como «la conciencia moral de Suráfrica», lo que le valió el Premio Nobel de la Paz en 1984.

Una vez el régimen racista surafricano tocó a su fin, Tutu no abandó el combate en favor de los derechos humanos y la paz en el mundo y se convirtió en una voz reconciliadora en otros conflictos regionales. En su propio país, presidió la Comisión para la Verdad y la Reconciliación en el que los responsables de los crímenes cometidos durante el apartheid, tuvieran la afiliación que tuvieran, confesaban los hechos a cambio del perdón y la inmunidad. Fue un gran ejercicio de catarsis colectiva. «El resentimiento y la cólera son malos para la presión sanguínea y la digestión», afirmó en enero del 2000.

Su sentido del humor, su humildad, su lengua afilada y su energía desbordante le convirtieron en una figura internacional entrañable.

Nacido en 1931 en una pequeña localidad minera del Transvaal, inició su carrera profesional como maestro pero abandonó esta actividad cuando una ley de 1953 obligó a la segregación racial en todos los centros educativos. Ingresó en la Iglesia anglicana y en 1975 se convirtió en el primer deán negro de Johannesburgo. Él siempre sostuvo que sus demandas en favor de la justicia tenían una motivación religiosa y no política, pero el enfrentamiento con el régimen surafricano se hizo pronto inevitable.

En 1986 fue elegido arzobispo de Ciudad del Cabo y este hecho por sí solo creó una situación que retrataba a la perfección ya no la maldad sino incluso la absurdidad del apartheid. Solo por trasladarse a su residencia oficial, el prelado infringía la ley ya que el edificio del arzobispado estaba situado en una parte de la ciudad reservada exclusivamente a los blancos. El Gobierno no trató de expulsarlo, pero le pidió que solicitara la concesión de una categoría racial especial, denominada «blanco honorario», que había sido creada para los diplomáticos y hombres de negocio extranjeros. Él se negó.

Sin pasaporte

Tampoco tenía pasaporte. El régimen racista le negó la ciudadanía surafricana porque declinó señalar en la solicitud a qué bantustán pertenecía, como estaban obligados a hacer todos los negros. Al final, le dejaron viajar con un documento de refugiado.

Desde el 2007, Desmond Tutu presidía un grupo denominado The Elders – literalmente los ancianos, pero que en este caso su acepción más cercana sería los sabios – , formado por personalidades internacionales para promover la paz.

El pasado mes de julio, Tutu ya anunció su intención de apartarse de la mayoría de sus actividades públicas para dedicar más tiempo a su familia. «Ha llegado el momento de ir más despacio y de tomar el té con mi mujer por las tardes», afirmó. Ayer decidió hacer efectivas sus intenciones.

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